PALABRA DE VIDA

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Santuario, 19 de Noviembre, 2016

 

"Acuérdate de mí"  Lc 23, 35-43

 

Ambientación

         " La palabra de este domingo, nos recuerda que hace más de dos mil años, alguien se presentó ante el mundo como la persona capaz de cambiar la historia con un Mensaje Nuevo: "El Mandamiento del Amor y del Servicio".

         Su estilo de vida fue único, y su Mensaje un camino seguro para construir la convivencia entre todos los hombres. Su arma: el amor. Su poder: el servicio y el perdón. Su ejército: un grupo de gentes sencillas del pueblo. Su Reino: un mundo en el que al fin se pueda vivir en paz.

         Este es Jesús de Nazaret, al que recordaremos hoy en esta Fiesta de Cristo-Rey, como el Rey de la "no-violencia". El Rey que no ha venido a ser servido sino a servir al mundo y a los hombres. El Rey que ha venido a traer la Paz..

Por eso, hoy, en esta Celebración Penitencial, y delante de Jesús, que muere víctima de la ley del más fuerte, vamos a reconocer nuestros propios pecados. Faltas y pecados que hacen que Jesús siga muriendo dentro de nosotros y en nuestra sociedad que sigue desangrándose por el odio y la violencia".

 

Leemos la palabra de Dios, y meditamos sobre ella:

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 23,35-43

         En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»


         Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo": Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Este es el rey de los judíos". Uno de los malhechores crucificado lo insultaba diciendo: «¿No eres tú el Mesías?         Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso".         

Palabra del Señor

 

Comentario

Acuérdate de mi.  Lc 23, 35-43

 

         "Estadísticas realizadas en diversos países de Europa muestran que sólo un cuarenta por ciento de las personas creen hoy en la vida eterna y que, además, para muchas de ellas esta fe ya no tiene fuerza o significado alguno en su vida diaria.

Pero lo más sorprendente en estas estadísticas es algo que también entre nosotros he podido comprobar en más de una ocasión. No son pocos los que dicen creer realmente en Dios y, al mismo tiempo, piensan que no hay nada más allá de la muerte.

Y, sin embargo, creer en la vida eterna no es una arbitrariedad de algunos cristianos, sino la consecuencia de la fe en un Dios al que sólo le preocupa la felicidad total del ser humano. Un Dios que, desde lo más profundo de su ser de Dios, busca el bien final de toda la creación.

         Antes que nada, hemos de recordar que la muerte es el acontecimiento más trágico y brutal que nos espera a todos. Inútil querer olvidarlo. La muerte está ahí, cada día más cercana. Una muerte absurda y oscura que nos impide ver en qué terminarán nuestros deseos, luchas y aspiraciones. ¿Ahí se acaba todo? ¿Comienza precisamente ahí la verdadera vida?

Nadie tiene datos científicos para decir nada con seguridad.

El ateo «cree» que no hay nada después de la muerte, pero no tiene pruebas científicas para demostrarlo. El creyente «cree» que nos espera una vida eterna, pero tampoco tiene prueba científica alguna. Ante el misterio de la muerte, todos somos seres radicalmente ignorantes e impotentes.

         La esperanza de los cristianos brota de la confianza total en el Dios de Jesucristo. Todo el mensaje y el contenido de la vida de Jesús, muerto violentamente por los hombres pero resucitado por Dios para la vida eterna, les lleva a esta convicción: «La muerte no tiene la última palabra. Hay un Dios empeñado en que los hombres conozcan la felicidad total por encima de todo, incluso por encima de la muerte. Podemos confiar en él.»

Ante la muerte, el creyente se siente indefenso y vulnerable como cualquier otro hombre; como se sintió, por otra parte, el mismo Jesús. Pero hay algo que, desde el fondo de su ser, le invita a fiarse de Dios más allá de la muerte y a pronunciar las mismas palabras de Jesús: «Padre, en tus manos dejo mi vida.» Este es el núcleo esencial de la fe cristiana: dejarse amar por Dios hasta la vida eterna; abrirse confiadamente al misterio de la muerte, esperándolo todo del amor creador de Dios.

Esta es precisamente la oración del malhechor que crucifican junto a Jesús. En el momento de morir, aquel hombre no encuentra nada mejor que confiarse enteramente a Dios y a Cristo: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Y escucha esa promesa que tanto consuela al creyente: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso".»

 

Oremos al Señor

         A Ti, Señor de todo, queremos trasladar nuestras inquietudes y las necesidades del mundo para que despiertes nuestra sensibilidad y así aportemos nuestra colaboración en la búsqueda de soluciones:

 

1.- Por nosotros los creyentes, necesitados de cambio en nuestras actitudes, para que seamos más expresivos y vivaces en hablar de ti y de tu experiencia. Roguemos al Señor.

 

2.- Por quienes ocupan cargos públicos de responsabilidad y les preocupa más la conservación de su trono o su poltrona que el servir a la comunidad, para que cambien o pierdan sus puestos.

Roguemos al Señor.

 

3.- Por los necesitados del mundo entero para que sus ilusiones concretas se transformen en esperanza y conozcan la preocupación que Dios siente por ellos. Roguemos al Señor.

 

4.- Para que la fuerza del amor, del perdón y de la solidaridad supere al odio, la venganza y la indiferencia.

Roguemos al Señor.

 

5.- Para que te hagamos un trono de buenos sentimientos en nuestro interior y así seas reconocido como el Dios de la sencillez y la esperanza.

Roguemos al Señor.

 

Escucha, Padre, estas palabras de súplica que muestran nuestros deseos e impaciencias por un mundo más humano. Atiéndelas porque lo necesitamos y porque te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

 

Acción de Gracias

 

         "Amigos, hagamos de nuestra vida, como el Señor, servicio humilde y generoso. Sólo si sabemos aceptar la verdad y el escándalo de la cruz, edificaremos el Reino de Dios, reino de justicia y de paz, de amor y de gracia, de verdad y de vida.

       Su debilidad es el amor y la misericordia ilimitada: "Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso". Su mirada está dirigida hacia el Padre, a quien le une una confianza absoluta: "Padre, en tus manos pongo mi espíritu". Sus brazos, clavados pero abiertos, acogen a cualquiera que esté dispuesto a ponerse "a salvo".
         Así de sencillo y aleccionador. Inaugura su reino en la Cruz, y desde ella nos invita a dejarnos acaudillar a su modo, hasta llegar a ser pan partido y repartido para todos".

¡Feliz Semana!

 

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