PALABRA DE VIDA

 PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Santuario, 27, Noviembre, 2016

 

"Estad despiertos... levantaos”

 

Ambientación

 

         Comienza hoy el Adviento, tiempo de preparación a la Navidad. Durante los cuatro domingos de Adviento, la liturgia de cada domingo nos irá preparando para recibir a Jesús en Navidad. El Adviento es una invitación a esperar con alegría el nacimiento de Jesús; el Adviento es una llamada a vivir con ilusión la fe en Jesús. Cuatro domingos de preparación y espera, simbolizados en cuatro plantas, que iremos poniendo delante del altar; cada domingo una planta. Estas plantas nos recuerdan una vida que va a nacer en Belén y expresan la vida que hay dentro de nosotros Es una llamada a que nazca algo bueno en nuestro corazón".

 

Oración:

         Tengamos un momento de Silencio....

Dios, Padre bondadoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por obras y signos de conversión.

Que nuestra Iglesia se abra fielmente a la redención y que esta Comunidad sea testigo de tu Reino.

Amen.

 

Escuchamos la Palabra

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 24, 37-44

 

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

Palabra de Dios

 

COMENTARIO:

"¡Qué solar tan bueno para edificar! "

 

"Al pasar junto a un pueblo había unos talleres y unas casas viejas. Muchas veces, al pasar por allí, me decía: ¡Qué edificios tan viejos! No pegan nada con el entorno. Al volver después de algún tiempo, he visto que de todo aquello no queda nada. Ahora hay un amplio solar vallado. Al verlo he exclamado: ¡Qué solar tan hermoso! ¡Aquí se pueden edificar unos pisos preciosos!

La imagen creo que viene muy bien en este tiempo de Adviento que hoy comenzamos. Lucas, en su evangelio, nos habla de signos cósmicos, de seísmos y derrumbamientos. Justamente allí donde algo se derrumba es donde aparece espacio libre para una nueva construcción. En ocasiones, el derrumbamiento es sólo interior, se respetan las viejas e históricas fachadas. Todo el interior se vacía y se rehace de nuevo. Pero la fachada no se toca. Estamos acostumbrados a contemplar este tipo de obras.

No encuentro mejor manera de traducir el lenguaje apocalíptico de Lucas que hacer referencia al mundo de la construcción. El toque de atención que hoy resuena en el evangelio nos llama a derribar y a construir. En lenguaje técnico se emplean términos como «rehabilitación», «remodelación», «urbanización». Nada nuestro es tan viejo que no permita un proyecto nuevo. Nada es tan antiguo que no tenga algo aprovechable. Los cascos viejos de las ciudades, el centro histórico, se remodelan conjugando lo viejo y lo nuevo. El resultado suele ser una nueva obra de arte. Cada persona, especialmente tú que eres creyente, estás invitado, al inicio del Adviento, a una «rehabilitación o remodelación» de todo tu ser. No creemos de una vez para siempre. Entiéndeme, quiero decirte que el acto de fe en Dios nos lleva cada día a deshacer y rehacer. Una fe que se paraliza y no avanza es como un edificio que se hace viejo. Pero hay solución. El solar que tú eres sigue siendo valioso y portador de muchas posibilidades.

No sé a qué te suenan las expresiones del evangelio: «manteneos alerta», «vigilad y orad en todo tiempo». Para mí son gritos de ánimo y gritos de construcción de futuro. Quizás lo único que necesites sea pintar la casa, o cambiar alguna habitación. En otros casos, la obra será de más envergadura: tirar tabiques. Y, ¿por qué no? Es posible que tu futuro dependa de una reestructuración más a fondo: vaciar y reconstruir. Cada uno es un mundo.

El triunfo de Dios en nosotros consiste en que derribemos lo que hemos construido según nuestros gustos y egoísmo y no según el gusto de Dios. A Dios le gusta un corazón con estancias llenas de luz y de sol, liberadas de apoyos inútiles, capaces de acoger a todos.

Lucas enumera tres actitudes que ahogan la obra de Dios:

La falta de reflexión que nos lleva a ser insensibles ante los criterios por los que nos regimos. ¿Dónde está la diferencia de comportamientos y de criterios a la hora de pensar en las próximas fiestas entre un cristiano y un no cristiano? ¿Tendremos un cristianismo acomodado a los criterios del mundo sin darnos cuenta? Entonces, se nos ha embotado la mente.

La segunda actitud que apunta Lucas es que no nos dejemos caer en las garras del consumismo, concretizado éste en el comer y el beber. Hay dietas muy sanas y ecológicas que no tienen nada que ver con el consumismo.

La tercera actitud que Lucas previene es el agobio: «andaos con cuidado», no llevéis una «vida estresada», liberaos de «los agobios de la vida».

Los olvidos y el relegar a Dios a segundo plano para hacernos nosotros protagonistas no parten, la mayoría de las veces, de grandes principios filosóficos. Todo es mucho más sutil. Dios se borra y difumina casi sin darnos cuenta en lo que día a día nos ocupa y preocupa. El final, el único que ni nos ocupa ni nos preocupa en la vida es Dios. Andaos con cuidado. Estad despiertos y pedid fuerzas en todo momento para escapar de lo que os puede ocurrir. Esta es la tarea del tiempo presente, el Adviento, al que hoy somos convocados. ¿Cómo podrá venir el Señor si algo no se remueve dentro de nosotros?

Un magnífico programa de Adviento. Será alcanzable si pones manos a la obra. Necesitarás otras manos y una fuerza que viene de lo alto. Sin ella, no hay nada que hacer, te lo aseguro.

¡Buen trabajo! Hay mucho que desmontar y allanar. Con tanta mala «atmósfera ambiental» los baches aparecen por cualquier sitio, sobre todo donde no da la sombra y hiela más...

 

Oración de los fieles

         Pidamos que la venida de Jesús renueve el mundo, renueve a la Iglesia y nos renueve a cada uno de nosotros.

Se lo pedimos al Señor diciendo: ¡VEN, SEÑOR JESÚS!

  • Para que acaben las guerras, las dictaduras, el hambre, la pobreza y toda clase de injusticia.

¡VEN, SEÑOR JESÚS!

  • Para que los cristianos demos testimonio de nuestra esperanza, trabajando por la paz y la justicia.

¡VEN, SEÑOR JESÚS!

  • Para que cese la violencia y el terrorismo y podamos vivir en paz, confiando los unos en los otros.

¡VEN, SEÑOR JESÚS!

  • Para que desaparezca de nuestro corazón el egoísmo, la insolidaridad y el afán de estar por encima de los demás.

¡VEN, SEÑOR JESÚS!

 

Oremos: Sácanos, Señor, de la rutina y aviva en nosotros la esperanza, para seguir trabajando en la construcción de tu Reino.

Es  el momento de ofrecer algo significativo, como una Cuna Vacía:

Esta cuna vacía simboliza esperanza, como unos padres que esperan con ilusión el nacimiento de un hijo. Los cristianos estamos en estado de buena esperanza durante el Adviento. Tendremos que ir preparando esta cuna para recibir al Señor, que viene a salvarnos.

Preparemos sobre todo nuestro corazón y toda nuestra vida. Que Dios nos encuentre preparados para que nazca en nosotros. Ven pronto, Señor, ven a salvarnos.

 

Acción de Gracias.

Ven pronto, Señor, y no tardes.

Ven a este mundo hermoso y terrible.

Hermoso, como salido de manos divinas,

y terrible por la fealdad que en él acumulamos cada día.

Ven al corazón y al rostro de los niños,

ven y llena los corazones de todos.

Ven a este mundo del amor y del odio,

del cariño y la violencia.

Pon en el corazón de todos, hombres y mujeres,

un deseo de justicia, de amor y de paz.

Pero, hablando claro,

¿para qué te pedimos que vengas,

si Tú estás ya aquí con nosotros?

Estás en la inocencia y frescura de los niños

y te marchitas en el rostro cansando de los ancianos.

Pero nosotros no sabemos descubrirte,

no sabemos reconocerte en el mundo.

Por eso, te repetimos: “Ven pronto, Señor y no tardes”.

¡Feliz Semana!

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