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JUNIO FLORIDO Y HERMOSO
Queridos hermanos: hemos terminado un mes litúrgicamente hermoso. hemos celebrado cada domingo una de las fiestas de gran importancia y transcendencia en nuestra fe.
Durante el transcurso del mes hemos ido desgranando los contenidos de nuestro credo en celebraciones especialmente vividas y arraigadas en el pueblo de Dios.
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UNO DE JUNIO: LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.
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La Ascensión de Jesús es una llamada fuerte y real a que la perfección es posible. ¡Cristo lo ha conseguido; nosotros lo podemos conseguir con Él! Pero el camino es un camino de compromiso concreto, de un trabajo ilusionado de construir aquí y ahora su Reino.
La esperanza del que cree en Jesús no será defraudada. "Yo estaré con vosotros".
Esta es una de las promesas más consoladoras que Jesús nos ha dejado. Yo estoy con vosotros todos los días. La ausencia es sólo aparente. Él se queda con nosotros, aunque de otra manera. Son los milagros del amor. Para el amor no hay distancias ni hay vacíos; siempre encontrará una manera de estar, aunque sólo sea en el corazón. La madre, cuando se despide de sus hijos, promete con toda verdad que no se va del todo, que se queda; que ellos se van con ella y ella se queda con ellos; todo en el corazón. Así, Jesús marcha al Padre, pero lleva escrito en su corazón el nombre de todos los suyos; marcha al padre, pero se queda en el corazón de todos los suyos.
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OCHO DE JUNIO: PENTECOSTÉS
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Los colectivos romeros que se acercaron para vivir y compartir a través de su día de convivencia de pentecostés, los dones del espíritu.
Los siete dones del Espíritu Santo pertenecen en plenitud a Cristo, hijo de David. Completan y llevan a su perfección las virtudes
de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud las inspiraciones divinas.
Don de sabiduría.
Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.
Don de inteligencia
Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.
Don de consejo
Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria; nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.
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Don de fortaleza
Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.
Don de ciencia
Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.
Don de piedad
Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su padre.
Don de temor de Dios
Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir.
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QUINCE DE JUNIO: SANTÍSIMA TRINIDAD
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Celebración especial de esta Comunidad de Padres Trinitarios, que celebran con cuantos colaboran estrechamente con ellos este gran acontecimiento en la vida de la Iglesia y enn la historia particular de la Orden Trinitaria.
La fiesta de la Trinidad nos vuelve a recordar algo que olvidamos una y otra vez. Dios sólo es amor y su gloria y su poder consiste sólo en amar. Para nosotros la gloria siempre es algo ambiguo y nos sugiere renombre, éxito por encima de todo, triunfo sobre los demás, poder que puede con los otros”¦ la gloria de Dios es otra cosa.
Dios sólo es amor, y precisamente por eso, no puede, sino amar. Dios no puede manipular, abusar, humillar, destruir. Dios sólo puede acercarse a nosotros para que nosotros podamos ser nosotros mismos. “La gloria de Dios consiste en que el hombre esté lleno de vida”. Así se presentó a Juan de Mata en su primera misa para que fundara la Orden para la Redención.
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VEINTIDÓS DE JUNIO: CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
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Los cristianos repetimos con frecuencia que la Eucaristía es el centro vital de la Iglesia y la experiencia nuclear de la vida cristiana. Y realmente es así. Lo recordó con fuerza especial el Concilio Vaticano II: “No se construye ninguna comunidad cristiana si no se tiene como raíz y quicio la celebración de la Eucaristía”.
Cuantos se acercan al Santuario a ver a la Virgen, para darle gracias o poner en sus manos sus vidas, se acercan a la Eucaristía para sentir la dicha de poder acercarse a comulgar para encontrarse con Cristo y alimentar en Él su vida y su fe.
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VEINTINUEVE DE JUNIO: SAN PEDRO Y SAN PABLO
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San Pedro y San Pablo apóstoles, elegidos por Cristo para ser columnas de la Iglesia y heraldos del Evangelio de Dios. San Pablo celoso observante de la ley de Moisés, convertido a Cristo en el camino de Damasco. San Pedro pescador de Galilea, elegido por el Señor Jesús para ser la “Piedra” visible y el fundamento de la unidad de la Iglesia.
Día de la celebración del santo Padre el Papa Francisco, porque el Señor quiso que su iglesia estuviera presidida por Pedro y sus sucesores.
Pedro roca y Pablo espada. Pedro, la red en las manos. Pablo, tajante palabra. Cristo tras los dos anda. A uno lo tumbó en Damasco y al otro lo hirió con lágrimas. Un himno de la Liturgia de las horas que nos presenta a estos apóstoles como columnas de la Iglesia.
Sus historias comienzan con un encuentro personal con Jesús. Pedro en las orillas del Tiberíades. Pablo mientras perseguía a los cristianos. Ambos respondieron a Cristo con su vida y con su muerte. Ambos fueron los fundamentos de la Iglesia que habrá de durar hasta el fin de los siglos.

Jesús promete a San Pedro las llaves con el poder de atar y desatar. Expresiones bíblicas que hablan de autoridad y de poder. Poder, sin embargo, que debería ser sólo espiritual.
Hoy veneramos a Pedro y Pablo, fundamentos de toda la Iglesia, y a la vez recordamos al Sumo Pontífice, cabeza visible de la comunidad cristiana, quien ha heredado de sus antecesores el poder de las llaves.
La Iglesia confía en él. Le mira como a un padre, como a un hermano mayor, un amigo leal en su valiente fe, entusiasta y contagiosa. Cristo le ha confiado, en estos días que corren, las llaves de su Iglesia.
Sin embargo, este poder entregado a Pedro no es exclusivo del Pontífice Romano. Su encargo de enseñar, de promover a la humanidad, de conducir la Iglesia a través de la historia, lo ejerce en compañía de todos los obispos de la tierra. Cada obispo es ayudado a su vez en su iglesia particular por los presbíteros, diáconos y los demás ministros. Esta es la jerarquía: los diversos grados del sacerdocio que se interrelacionan armónicamente y comparten la responsabilidad de servir a todos los hombres.
Los bautizados que no hemos recibido ningún ministerio oficial de la Iglesia tenemos también un poder y unos deberes. Los hemos de cumplir con dedicación y eficacia en beneficio de la comunidad.
Por todo ello podemos decir que ha sido un mes especialmente florido, por las diversas Primeras Comuniones y Confirmaciones, donde el Señor hace florecer la fe, especialmente en los más “Débiles”.
Os deseamos unas buenas y santas vacaciones.
Julio se presenta con la Novena a la Virgen de la Cabeza aquí en su Santuario de Sierra Morena, a partir del día 19 de Julio a las 20 horas.
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