SÉPTIMO Y OCTAVO DÍA DE NOVENA EN EL SANTUARIO
En el Séptimo día de novena a la Virgen de la Cabeza en Sierra Morena, la Cofradía Matriz Virgen de la Cabeza de Andújar participó en la celebración, así como la Cofradía de Córdoba.
Presidió la celebración el P. Salvador, haciendo la reflexión de este día sobre "El Espíritu Santo en la Iglesia".
El día 9 de Agosto, Octavo día de Novena a nuestra Madre la Virgen de la Cabeza, asistieron las Cofradías de Baena, Torredonjimeno, Santiago de Calatrava con Valenzuela, así como Mancha Real y José e Isabel con sus hijos, para recordar sus 25 años de vida matrimonial, entregado el uno para el otro y el fruto en sus hijos David y Carlos.
Presidió la celebración el P. Domingo Conesa, haciendo la reflexión de este día sobre "Hágase tu Voluntad".
"A muchos hombres y mujeres de esta generación, nacidos en familias creyentes, bautizados a los pocos días de vida y educados siempre en un ambiente cristiano, les ha podido suceder lo mismo que a mí. Hemos respirado la fe de manera tan natural que podemos llegar a pensar que lo normal es ser creyente.
Es curioso nuestro lenguaje. Hablamos como si creer fuera el estado más normal. El que no adopta una postura creyente ante la vida es considerado como un hombre o mujer al que le falta algo. Entonces lo designamos con una forma privativa: "increyente" o "incrédulo".
El ejemplo de María, donde acepta la voluntad del Señor, le llevará, actualizar su fe en los años de la vida pública de su Hijo Jesús, y cuando no llegaba a entender, "guardaba las cosas en su corazón".
No nos damos cuenta de que la fe no es algo natural sino un don inmerecido. Los increyentes no son gente tan extraña como a nosotros nos puede parecer. Al contrario, somos los cristianos los que tenemos que reconocer que resultamos bastante extraños.
¿Es normal ser hoy discípulos de un hombre ajusticiado por los romanos hace veinte siglos, del que proclamamos que resucitó a la vida porque era nada menos que el Hijo de Dios hecho hombre?
¿Es razonable esperar en un más allá que podría ser sólo la proyección de nuestros deseos y el engaño más colosal de la humanidad?
¿No es sorprendente pretender acoger al mismo Cristo en nuestra vida compartiendo juntos su Cuerpo y su Sangre en ritos y celebraciones de carácter tan arcaico?
¿No es una presunción orar creyendo que Dios nos escucha o leer los libros sagrados pensando que Dios nos está hablando?
El encuentro con increyentes que nos manifiestan honradamente sus dudas e incertidumbres, nos puede ayudar hoy a los cristianos a vivir la fe de manera más realista y humilde, pero también con mayor gozo y agradecimiento.
La fe no es algo natural y espontáneo. Es un don inmerecido, una aventura extraordinaria. Un modo de "estar en la vida", que nace y se alimenta de la gracia de Dios.
Los creyentes deberíamos escuchar hoy de manera muy particular las palabras de Jesús: "No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me ha enviado".
Más que llenar nuestro corazón de críticas amargas, hemos de abrirnos a la acción del Padre.
Para creer es importante enfrentarse a la vida con sinceridad total, pero es decisivo dejarse guiar por la mano amorosa de ese Dios que conduce misteriosamente nuestra vida.
Secretaria