"PALABRA DE VIDA"

“Décimo Sexto Domingo, Tiempo Ordinario (ciclo C)”

Santuario, 17, Julio, 2016

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? (s.14)

 

Ambientación

         Vivimos en una sociedad poco acogedora y comprensiva. Cualquier pretexto nos sirve para abrir abismos entre nosotros. Las diferencias sociales, la edad, el dinero, el color de la piel..., crean barreras difíciles de superar.

         Estamos organizando un mundo en el que cada vez cuesta más acoger y aceptar a los demás tal como son. Lo que prima es el competir, luchar contra los otros para ser más que ellos.

         También nuestras reuniones en la Iglesia nos resultan frías y distantes. Hasta los mismos creyentes en Jesús parecemos extraños unos a otros, aunque estemos sentados juntos.

         Si queremos que nuestras Eucaristías y celebraciones, recuperen su verdadero sentido, debemos empezar por abrir nuestro corazón a los demás. "El que acoge y escucha al prójimo, escucha y acoge a Jesús”, nos dice el Evangelio.

 

Escuchamos la Palabra

 

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas

 

En aquel tiempo entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

Pero el Señor le contestó: Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria,. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Palabra del Señor

 

Comentario

 

        "Vivimos en un mundo nada hospitalario, en el que cualquier motivo nos parece bueno para levantar barreras entre nosotros.

        Estamos dispuestos a colaborar con los demás con cualquiera cosa, incluso con dinero; menos con lo principal: la atención personal, la compañía, la hospitalidad.

        El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús que es bien recibido por Marta y María en una aldea.

        Jesús es recibido con cariño, y se le atiende y se le escucha. Es recibido como una persona humana querida.

        En nuestra sociedad en la que todo se compra y se vende y todo tiene un precio, nos parece extraño encontrar personas que saben acoger, recibir a otros sin esperar nada a cambio. Nos parece que la hospitalidad es una virtud fuera de servicio, pasada de moda.

        Sin embargo, todos necesitamos ser acogidos y todos debemos acoger con cariño a los demás.

        La hospitalidad cristiana es algo más que acoger a alguien. Es acoger a un hermano reconociendo en él, al mismo Jesús.

        Acoger al hermano es compartir con él, compartir el pan, el cariño y la palabra.

Nos lo acaba de decir la primera lectura:

        "Lo primero para vivir es agua, pan y vestido ... y un techo para

cobijarse ... El rico se afana por juntar riquezas, sin disfrutar nunca de una buena amistad".

        Lo hemos escuchado mil veces, pero aún no acabamos de entender este modo de ver la vida que nos ha sido transmitido con gran sabiduría, desde los tiempos más antiguos.

        Lo importante es la vida sencilla, la amistad, el compañerismo, la hospitalidad.

        El tender los brazos hacia los demás, el abrir las manos a todos es lo que nos hace ser felices.

        También, desde luego, el saber aceptar la invitación de los demás, el dejarnos acoger, el aceptar el cariño, la ayuda y la hospitalidad de los otros.

¡Cuántas veces vivimos tristes, solos y amargados por no saber repartir y compartir lo poco que tenemos!

¡Cuántas veces estamos tristes, solos y amargados, por no querer aceptar lo poco que nos ofrecen los demás con cariño!

La enseñanza es clara:

Si queremos vivir felices, ya conocemos el camino.

- No debemos encerramos dentro de nosotros mismos y con nuestras cosas.

- Debemos salir hacia los demás.

- Debemos acoger y compartir con el necesitado.

- Debemos dejarnos acoger por el que nos da cariño, su vida y todo.

Si queremos ser felices, debemos compartir nuestras vidas,

nuestro cariño y nuestras cosas".

 

Oremos:

 

El Señor nos ha acogido como hijos a pesar de nuestros olvidos y descuidos. Vamos a pedirle por todos los necesitados y a ofrecerle nuestro deseo de acogerlos.

 

  1. Por los emigrantes, para que encuentren buenos amigos y una acogida digna entre sus nuevos vecinos ... Roguemos al Señor.

 

  1. Por los refugiados, por los que huyen del horror de la guerra y de la miseria, para que encuentren una mano amiga ...Roguemos al Señor.

 

  1. Por los conductores, transportistas, y todos los que trabajan y luchan fuera de sus hogares, para que encuentren auxilio en los momentos de necesidad ... Roguemos al Señor.

 

  1. Por los miembros de esta Comunidad Cristiana y por todos nuestros vecinos aunque tengan otras ideas y otras creencias para que seamos comprensivos y acogedores con todos ... Roguemos al Señor.

 

  1. Por todos los que formamos la Iglesia de Jesús: para que -con nuestras obras- demos testimonio de nuestra fe, en todo lugar y en todo momento. ROGUEMOS AL SEÑOR

 

  1. Para que las Enseñanzas de Jesús, que escuchamos todos los domingos, sean el fundamento de nuestra fe y la norma de nuestra conducta. ROGUEMOS AL SEÑOR

 

  1. Por este mundo que Dios ha puesto en nuestras manos: para que valoremos y respetemos la naturaleza, como un bien necesario para la vida del hombre. ROGUEMOS AL SEÑOR

 

  1. Por todos nosotros: para que aprendamos a ser "serviciales" como Marta y a estar "atentos" a la Palabra de Jesús como María. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

Oremos: Escucha, Padre, nuestra oración; atiende nuestras súplicas y derrama tu amor sobre toda la humanidad.

 

En este domingo se nos invita a ser solidarios, para que nuestro entorno sea mejor:

 

Mantener siempre atentos los oídos

al grito de dolor de los demás

y escuchar su llamada de socorro, es solidaridad.

 

Mantener la mirada siempre alerta

y los ojos tendidos sobre el mar

en busca de algún náufrago en peligro, es solidaridad.

 

Sentir como algo propio el sufrimiento

del hermano de aquí y del de allá,

hacer propia la angustia de los pobres, es solidaridad.

 

Llegar a ser la voz de los humildes,

descubrir la injusticia y la maldad,

denunciar al injusto y al malvado, es solidaridad.

 

Dejarse transportar por un mensaje

cargado de esperanza, amor y paz,

hasta apretar la mano del hermano, es solidaridad.

 

Convertirse uno mismo en mensajero

del abrazo sincero y fraternal

que unos pueblos envían a otros pueblos, es solidaridad.

 

Compartir los peligros en la lucha

para vivir en justicia y libertad

arriesgando en amor hasta la vida es la prueba mayor de amistad,

es vivir y morir con Jesucristo, es solidaridad.

                                               Secretaria

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