PALABRA DE VIDA
OCTAVO Domingo, Tiempo Ordinario (ciclo A)
Santuario, 26, Febrero, 2017
" Nadie puede servir a dos señores....... "
Ambientación
"En una conocida película se hace esta sugerente invitación: considerad la vida como un regalo. El que sale de casa sin problemas un día de primavera, o se acerca a una playa, o sube al silencio de una montaña no puede menos de pensar: la vida es bella, la vida es un regalo.
Muy distinta puede ser la impresión al regresar a casa y encarar los pequeños problemas de cada día, o los escabrosos problemas de excepción. El optimismo ante la vida considerada como un don puede degenerar en el pesimismo de considerarla como una pesada carga. Es entonces cuando cuesta aceptar que hay Alguien en nuestra vida mayor que nuestras angustias y problemas.
Dios nos reúne para hacernos oír su voz de aliento y confianza: ¡No viváis angustiados! Por las faltas de confianza en la Providencia comenzamos pidiendo perdón".
(Un momento de silencio)
En la presencia de Dios decimos:
Padre de bondad que cuidas de nosotros con la ternura de una madre, ayúdanos a entender las preferencias de tu Reino y a concentrar en ellas nuestra responsabilidad. Amén.
Leemos la Palabra, para que nos ilumine y nos afiance en la fe de Jesús:
+ Lectura del santo evangelio según san Marcos, 6,24-34
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?.
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gante de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».
Palabra del Señor.
Comentario:
"Por este texto, tan lleno de encanto y de poesía, han dicho algunos pensadores increyentes y ateos que Jesús no pisaba, la tierra, que era un utópico que flotaba en las nubes. La realidad cotidiana parece desmentir esa confianza absoluta de Jesús en la providencia. Parecería que, más que de la providencia divina, los recursos vitales dependen de la justicia y del comportamiento ecológico de las naciones. La tercera parte de la humanidad que padece hambre y los sesenta millones de seres humanos que mueren de hambre al año parecen desmentir este providencialismo de Jesús. Es precisamente esta tragedia descomunal una de las "razones" más socorridas en que se apoyan ateos y agnósticos para afirmar que Dios no existe; y si existe, está en Babia; no se entera de nada; porque si llegara a enterarse y no lo remedia, o es profundamente inhumano o está tan limitado que no resuelve nada. ¿Cómo se concilia este canto poético de Jesús y el terrible drama de tantos "hijos" suyos roídos por la miseria?
Jesús no profesaba un providencialismo ingenuo. Trabajó y ganó el pan con el sudor de su frente. Desaprobó la actitud del criado haragán que recibió un talento y que, por pereza, lo escondió en la tierra sin preocuparse de negociar con él (Mt 25,30). Pidió a los apóstoles que vivieran de su trabajo, del ministerio profético: "El obrero merece su salario" (Mt 10,10).
Los psicólogos hablan de la neurosis de posesión como de una patología que afecta a numerosas personas de nuestra sociedad de la abundancia. Consiste en la obsesión por el dinero y la riqueza como si fueran la fuente principal de seguridad y de felicidad. Afirmaba A. Moravia: "Sexo y riqueza, esto es lo que interesa a la gente; todo lo demás son historias".
Jesús alerta contra el peligro de que el dinero y la riqueza se conviertan en el ídolo que determine la vida. Advierte: "No
podéis servir a dos señores". El dinero y la riqueza pueden convertirse en un "dios" que exige sacrificios humanos. Es la situación de tantos que, en aras del dinero, maltratan la salud propia y la de otros. Son muchos los que no trabajan para vivir, sino que viven para trabajar; no buscan tener para "vivir", sino que viven para "tener". Ponen tan ansiosamente su seguridad en las riquezas que no les permite vivir.
Desgraciadamente, por el dinero se traiciona a los "amigos", se rompen las familias y se venden las conciencias. El dinero es un material explosivo en las manos. Fácilmente se convierte en tirano de quien lo posee. Siempre se corre el riesgo de convertirse en "poseídos" (posesos) de las propias "posesiones". Contra esto alerta enérgicamente Jesús.
Son pocos los que saben poner el dinero y los bienes materiales en el lugar que les corresponde, el lugar de los "medios", no de los fines. El texto repite la invitación: "No os agobiéis. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura" (Mt 6,33). Esta recomendación se dirige tanto al rico que le sobra, pero que vive obsesionado por "tener más y gastar más", como al pobre de hecho, pero rico de deseo. El camino para llegar a la liberación frente a los bienes económicos no es gritar contra su culto idolátrico o contra la "neurosis de posesión", sino ofrecer el Reino como un tesoro, como una perla preciosa (Mt 13,44), de tal modo que impulse a venderlo todo para adquirirlo.
En este sentido, hay una parábola oriental que es aleccionadora: "El sannyasi había llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto llega corriendo un habitante de la aldea y le dice: '¡La piedra! ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!'. '¿Qué piedra?', le pregunta el sannyasi. El aldeano contestó: 'La otra noche se me apareció en sueños el Señor Shiva y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea, encontraría a un sannyasi que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre. El sannyasi rebuscó despacio en su bolsa y sacó una piedra.
Probablemente se refería a ésta, dijo mientras entregaba la piedra al aldeano. La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Por supuesto que puedes quedarte con ella'. El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre. El aldeano tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al sannyasi y le dijo: 'Dame la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de este diamante"'.
Éste es el secreto: Servirse sabiamente de los bienes económicos y renunciar a su culto para gozar del Reino. Éste es el caso de Mateo, Zaqueo o Pablo, que testifica: "Todo me parece basura en comparación con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he sacrificado todo" (Flp 3,8). Lo primero es encontrar el tesoro. Y para encontrarlo, hay que buscarlo...
En el contexto social de Jesús un siervo podía teóricamente servir a dos amos, pero en la práctica resultaba imposible; llegaba el momento en que debía optar por uno y abandonar al otro. Aparentemente esta doble lealtad parecería conciliable en la vida del cristiano; así lo creen y practican algunos pseudocristianos. Es el doble culto que menciona el refrán: "Prender una vela a Dios y otra al diablo (al dinero)". Es la doble vida que con tanta energía denuncia el Concilio Vaticano II: la del templo y la de los negocios, "cristianos" de "misa" de domingo y paganos del resto de la semana (GS 43).
En este sentido, hay que advertir que "servir" al Señor no se reduce a proclamaciones y aclamaciones huecas: "¡Señor!, ¡Señor!" (Mt 7,21), sino que comporta opciones y compromisos. Dios cuida de sus hijos, pero a través de los otros hijos. Es como el padre que da dinero al hijo mayor para que lo reparta entre sus hermanos. A veces se queda con todo y no reparte ni comparte. Jesús indica a los discípulos: "Dadles vosotros de comer" (Mt 14,16). Recordemos, además, sobre qué se va a verificar el discernimiento final: "Estuve hambriento, sediento, desnudo... y me asististeis" (Mt 25,40).
En la primera comunidad cristiana "nadie pasaba necesidad" (Hch 4,34), pero no porque cayeran paquetes del cielo, sino porque los "hermanos compartían". Los cristianos sabemos que estamos llamados a ser las manos providentes de Dios. La mejor forma de ser "señores" de los bienes económicos es compartirlos con absoluta generosidad.
"BIENAVENTURADOS LOS POBRES"
"Poderoso caballero es don dinero", afirma el dicho español. En efecto, parece que es la llave maestra que abre casi todas las puertas. Sin embargo, no es así. Los bienes más importantes no se compran con dinero. Con dinero se puede comprar un chalet, pero no un hogar ni una familia en armonía; se puede comprar a un juez, pero no la paz de conciencia; se puede garantizar el porvenir de una vejez, pero no el porvenir eterno; se pueden lograr viajes, fiestas y bienes de consumo, pero no se puede lograr la alegría interior que nace del sentido de la vida.
Desgraciadamente son muchos los casos en que se cumple esta triste paradoja: "Era un hombre tan pobre, tan pobre, que no tenía más que dinero". Porque ésa es la verdad: Hay muchos ricos que son unos pobres hombres, mientras que los ejemplos de personas pobres y felices son incontables.
Procede hacer una revisión: ¿Me preocupo de descubrir el
Reino como un tesoro? ¿La preocupación por los bienes económicos influye desmedidamente en mis opciones? ¿Los antepongo alguna vez a valores más trascendentales? ¿Tengo algo que rectificar en la vida personal y familiar?
Jesús afirma divinamente: "Hay más dicha en dar que en recibir" (Hch 20,35)".
Es el momento de hacer silencio, meditar.........
Oremos y Pidamos al Señor por intercesión de nuestra madre la Virgen de la Cabeza.
1.- Para que los pueblos progresen según la justicia del Evangelio, roguemos a Señor. .
2.- Para que los cristianos concentremos la energía en el Reino de Dios y éste sea siempre un estimulo, roguemos al Señor.
3.- Para que no nos cansemos de hacer el bien a fondo perdido, roguemos al Señor.
4.- Para que sepamos colaborar con todos los que hacen Reino de Dios, aunque tengan otras ideas, roguemos al Señor.
Pensamos y nos cuestionamos:
No te creemos, Jesús, por eso estamos siempre preocupados, buscando seguridades, programando el futuro, planificando la vida para que nada se escape a nuestro control y la angustia no nos deja dormir y nos lleva corriendo a todos los sitios.
No te creemos, Jesús, y por eso pasamos más tiempo preocupados que ocupados, dando vueltas a cómo hacer las cosas mejor, a lo que ocurrirá mañana, a lo que podría pasar, si las cosas se tuercen, a los miedos que nos envuelven y no nos dejan descansar.
No te creemos, Jesús, por eso estamos atesorando, acumulando, asegurando... y nuestro cuerpo no tiene tiempo para gozar porque hemos de frenar su deterioro...
No te creemos, Jesús, no nos cabe en la cabeza que cada cabello lo tengas contado; que conozcas nuestra palabra antes de que esté en nuestra boca, que nos tengas envueltos por delante y por detrás y lleves nuestro nombre tatuado en tu mano...
No te creemos, Jesús, y vivimos como huérfanos, teniendo un Padre que nos quiere.
Nos sentimos solos, aunque somos personas ,habitadas,
aunque tú estás en el hondón de nuestras almas, en lo secreto.
No te creemos, Jesús, y por eso no nos bastan las preocupaciones de hoy, nos inventamos las de mañana, las de pasado...
No te incluimos en nuestra agenda, en nuestras esperas ni en nuestras luchas.
No te creemos, Jesús, si lo hiciéramos, viviríamos tranquilos, dormiríamos bien, pondríamos nuestra vida en tus manos y gozaríamos intensamente el aquí y el ahora, que es el único momento que nos pertenece, ya que cada día trae su propio afán.
Buen Semana.