LECTIO DIVINA. DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
13 DE SEPTIEMBRE DE 2015
1.- INVOCACION AL ESPIRITU
VEN A MÍ, ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo
A saciar mi sed profunda y crónica,
a fecundar mis entrañas secas,
a hacerme vivir de nuevo,
a vestirme de color y belleza,
a cosechar abundancia de frutos.
Tú eres consolador, pero me tienta la tristeza.
Tú eres la luz, y me acosan las tinieblas.
Tú eres fuego, y mis inviernos son largos.
Tú eres santo, y me afean las manchas.
Tú eres vida, y la muerte me hace guiños.
Tú eres amor, ¡cómo te necesito!
Hazme amor en ti o hazte amor en mí.
El amor del Espíritu en mí,
la alegría del Espíritu en mí,
la fortaleza del Espíritu en mí,
los dones del Espíritu en mí.
Ven, Espíritu Santo, hazte don en mí.
2.- PALABRA DE DIOS
EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 8, 27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista: otros, Elías, y otros, uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirles: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se le llevó aparte y se puso a increparle. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.
3.- PROFUNDIZANDO EN LA PALABRA
a) ¿Quién dice la gente que soy yo?
- Jesús necesita saber la opinión de la gente de él mismo y de su obra: para qué ha venido, por qué hace los signos milagrosos, por qué le buscan, por qué no entran de lleno en la esencia de su persona y misión.
- Jesús desea comprobar qué resultados ha obtenido, no para el aplauso, sino para ser consciente de cómo entienden la gente y los discípulos su mensaje y su estilo de vida.
- Por el camino les preguntó. Nuestra vida siempre en camino. En nuestro camino, el personal, el familiar, el comunitario, también Jesús sale a nuestro encuentro y nos hace la misma pregunta.
- Se hace relativamente fácil dar una respuesta a esta primera pregunta. Una respuesta, aprendida en el catecismo, en la teología (Tú eres el Hijo de Dios,…). Es fácil responder lo que la gente siente, piensa, vive desde su condición de "cristiano", es decir, desde el ser discípulo. Es fácil elaborar una encuesta entre la gente con esta pregunta para responder.
- Pero, Jesús nos pide una respuesta personal, íntima, vivencial, no tanto teológica, sino desde la fe en Él, desde lo que "hacemos" por Él, desde lo que sentimos, desde lo que estamos dispuestos a seguirle a Él, con todas las consecuencias.
b) Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?
- Jesús quiere saber qué es lo que piensan de él los de fuera y los de dentro, sus discípulos.
- Los que le han acompañado desde los comienzos de su misión, los que han convivido día y noche con Él, los que, al parecer, saben bien quién es Jesús, se encuentran con esta pregunta de sobresalto
- Cada uno ha de experimentar en lo más profundo de su conciencia la respuesta a esta pregunta decisiva. De acuerdo a la imagen que se tenga de Jesús, será la respuesta exacta o errónea.
- Tenemos que ser sinceros. Nuestras obras podrán dar una respuesta vital, profunda, sincera y consecuente. Nos cuesta poco exclamar: Creo, creo, creo. Rezamos constantemente: Padre... Pero, ¿qué resonancia tiene en nuestra conducta? Una vez más tenemos que decirnos con sinceridad: No bastan las palabras... ¿Puedo dar una respuesta exacta con mis obras sobre quién es para mí Jesucristo?
c) Tú eres el Mesías
- Aunque Pedro dice una gran verdad, sin embargo, Jesús les ordenó que no hablaran de él con nadie. ¿Por qué? Veían a Jesús como un Mesías poderoso, milagrero, llamado a destruir a los romanos. Y se veían a sí mismos como los que iban a obtener cargos importantes en su reinado terrenal.
- No es cuestión de seguir a Jesús en los momentos de euforia, agradables, consoladores. No es cuestión sólo de predicar y curar, dar catequesis, de celebrar o participar en la Misa, etc... Seguir a Jesús supone: conflicto, dar la cara, luchar por la dignidad de las personas, entrega total al sufrimiento y a la muerte como Él. Con el riesgo de quedarse solo, incomprendido, acusado, sentenciado...
- Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. No hay que soñar en triunfos. No hay que seguir con la rutina y con los apegos de antes. No hay que ambicionar proyectos propios de poder. Hay que renunciar a tantas cosas, situaciones, ilusiones, apegos, intereses...!!!!
- No se entiende un Cristo sin cruz. No se entiende un cristiano sin cruz. El combate por el Reino implica el riesgo de la propia vida.
4.- MEDITO (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
. En el caminar de mi vida como trinitari@ o como laic@, he ido evolucionando en la concepción, conocimiento, valoración y experiencia de Cristo. He ido haciendo un recorrido de madurez en la fe, de profundización y vivencia, de mi adhesión a Cristo con todas sus consecuencias.
- Analizo los altibajos de mi recorrido en la fe y en la vocación trinitaria. Momentos de consolidación alegre de mi seguimiento de Jesús, acompañados de otros más oscuros y nebulosos.
- Nosotros podemos ser víctimas de una cierta “deformación profesional”. Los estudios de filosofía y teología me pueden arrastrar a configurar la imagen de Jesús, de Dios Padre,… de acuerdo con los conceptos, las ideas, los pensamientos propios de la teología; reflejar a Dios y a Cristo como concepto, como idea, como doctrina.
- Y esta realidad me dificulta a la hora de llevar todo ese bagaje doctrinal a mi vida, a mi experiencia personal, a conformar mi vida desde la vivencia profunda de mi encuentro con Cristo.
- Para saber en qué plano me muevo en el terreno de una fe personalizada, vivida y experimentada o de una fe marcada por los principios teológicos, las ideas, la doctrina,… me analizo en mis formas de comunicarme en comunidad cuando compartimos momentos de oración, como éste de la lectio divina, u otros más íntimos con la comunidad o con grupos cristianos; también analizo el mensaje de mis homilías y la tónica de mis celebraciones.
- ¿Comparto con mis herman@s lo que siento, lo que vivo, lo que me dice y me exige Jesús, las respuestas, ricas o pobres que le doy, los ritmos de ilusión, de esperanza, de avance, de compromiso que asumo para el futuro? ¿O les transmito la doctrina, los principios éticos, el deber ser, el rollo ético-religioso que les suelto a los feligreses en las homilías de la misa?
- ¿Comparto con los demás, herman@s de comunidad, feligreses, en la catequesis,… aquello que vivo, que siento, que me enamora de Cristo? ¿O me quedo con hablar de lo que he aprendido en mis estudios teológicos, de lo que otros dicen, opinan, escriben sobre Jesús?
- A veces me quedo pensando en lo que más de uno dice o piensa cuando me oye hablar: ¿a quién sigue este cura, a Cristo o a una doctrina?
- Para mí, ¿Quién es, en verdad Cristo, qué supone en mi vida, cómo ha cambiado mi vida, cómo lo comunico?
- Sé que me queda mucho por conocer, reconocer, confesar y proclamar al verdadero Jesús, al Hijo de Dios vivo. En mi tarea diaria está el dejarme guiar por la fuerza del Espíritu de Jesús para llegar a vivir sus mismos sentimientos y, así poder responder a la vocación trinitaria a la que he sido convocad@ para vivirla y compartirla con los herman@s en la Casa de la Trinidad y de los cautivos.
- Reflexiono sobre mi seguimiento de Cristo desde mi cruz y compartiendo la cruz de tantos crucificados inocentes de hoy: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”
5.- ORACIÓN FINAL
SOY… QUISIERA SER
Padre, estoy aterrorizado,
descubro tu amor y tu silencio
y me dejas anonadado.
¿Quién soy? ¿Quién quieres que sea?
Lucho por descubrirte,
por hacerte presente en mi vida;
quisiera romper cadenas que me aprisionan,
quisiera eludir responsabilidades,
desearía no ser guía, sino ser guiado,
no ser luz, sino farol,
no ser camino, sólo indicador.
Jesús, camino, verdad y vida,
¿Qué puedo hacer?
¿Ilusionar para desilusionarte?
¿Guiar para desorientarte?
¿Orientar para despistarte?
¿Esperanzar para desesperarte?
Siento en mí el vacío.
Experimento la soledad.
Quiero llename de ti y no lo hago.
Quiero sentirme embarazado de tu armonía,
de tu amor, de tu alegría.
Quiero parir y esparcir alegría, amor, ilusión.
Quiero no ser refugio sin ventanas,
puchero sin tapadera,
almanaque sin calendario.
Me aterrorizan ilusiones y esperanzas,
seguridades y confianzas que en mí depositan
como si fuera mago, hechicero, baluarte y capitán.
Tú lo sabes, Señor, no soy nada de eso;
pero solo quisiera ser,
un rayo de tu luz,
una chispa de tu fuego,
un destello de tu amor,
un candil debilitado que alumbra,
un aceite que sana y suaviza el alma,
cizalla que rompe ataduras y cadenas,
corazón que destella compasión y ternura,
un criado inútil que solo sabe servir
y ofrecer con alegría
lo que tú has sembrado en mí.
¿Qué quieres, Señor?
No recoges más porque no siembro,
no ilusionas más porque estoy apagado
y ensombrecido, no estás presente
porque yo estoy ausente.
Lo siento, Señor.
Sé que no respondo,
sé que, a veces, soy un artista de la mentira,
falsedad e hipocresía,
sé que no vivo lo que predico,
sé que predico lo que no vivo.
Sé que soy hipócrita,
lobo en medio de corderos,
farsante y palabrero,
engañoso pregonero.
Por eso te pido Señor
que sea lo que quiero ser:
luz, camino y verdad,
honradez, justicia y paz,
semilla de fuerza vital,
esperanza de libertad,
pobre loco por amor
pues pongo en ti mi esperanza,
pongo en ti mi corazón,
pongo en ti mi vida,
porque mi vida eres Tú.