LECTIO DIVINA. DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
6 DE SEPTIEMBRE DE 2014
1º.- INVOCACION AL ESPIRITU
VEN A MÍ, ESPÍRITU SANTO
Ven, Espíritu Santo
A saciar mi sed profunda y crónica,
a fecundar mis entrañas secas,
a hacerme vivir de nuevo,
a vestirme de color y belleza,
a cosechar abundancia de frutos.
Tú eres consolador, pero me tienta la tristeza.
Tú eres la luz, y me acosan las tinieblas.
Tú eres fuego, y mis inviernos son largos.
Tú eres santo, y me afean las manchas.
Tú eres vida, y la muerte me hace guiños.
Tú eres amor, ¡cómo te necesito!
Hazme amor en ti o hazte amor en mí.
El amor del Espíritu en mí,
la alegría del Espíritu en mí,
la fortaleza del Espíritu en mí,
los dones del Espíritu en mí.
Ven, Espíritu Santo, hazte don en mí.
2.- PALABRA DE DIOS
EVANGELIO DE JESÚS SEGÚN MARCOS 7, 31‑37
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
3.- PROFUNDIZANDO EN LA PALABRA
A).- Le llevaron a un hombre que era mudo y apenas podía hablar
- La sordera y la mudez, en ese tiempo, eran consideradas como un castigo. El que sufría tal enfermedad era considerado como un pecador. El sordomudo no conoce la Ley.
- Jesús se acerca a este “pecador” para devolverle la salud corporal y espiritual. Jesús no conoce fronteras ni geográficas ni personales, ni materiales ni espirituales.
- El sordomudo es el símbolo de todos aquellos que cierran sus oídos para escuchar la Palabra y que, al no escucharla, tampoco pueden responder con su lengua al mensaje de la Palabra, ni la pueden anunciar a los demás.
- Así podemos contemplar hoy a tantos cristianos sordos, que sólo oyen con los oídos, pero no escuchan la Palabra, no la interiorizan ni la llevan a su vida
- El diálogo con Dios y con el prójimo está roto cuando la Palabra no es escuchada, cuando no permitimos que la Palabra transforme nuestro interior, para que la lengua se desate en armonía y comunicación con el Creador y con los humanos.
- El sordomudo se dejó conducir por sus amigos, que le querían bien. Los amigos suplican a Jesús por el sordomudo. ¡Qué bueno es tener amigos/as que nos lleven hasta Jesús y nos introduzcan en su ámbito de amistad, de sanación y de vida!
B).-Jesús lo apartó de la gente...
Marcos describe los gestos que Jesús hace con el sordomudo:
- lo aparta de la gente;
- quedan los dos solos;
- mete los dedos en los oídos;
- le toca la lengua;
- levanta los ojos al cielo,
- suspira,
- exclama: Effattha (ábrete).
Gestos concretos y significativos:
- Apartarse de la gente. Para comunicarse con el Señor hace falta dejar a un lado las ocupaciones y preocupaciones.
- A solas con Dios. Para encontrarnos cara a cara con Él que tiene y ofrece la vida.
- Dejarse "tocar" espiritualmente, en comunicación y comunión total con el Médico divino. Dejar que Él remueva todas las resistencias a la Palabra y a la nueva vida.
- Todas las acciones las realiza Jesús. Él tiene la iniciativa. De Él brota la totalidad de la salud.
- El paciente acoge, espera, recibe, se abre a la acción curativa de Jesús.
- El milagro se realiza cuando el Señor interviene y hay una respuesta, aunque sea limitada por nuestra parte.
- Marcos nos describe en estas breves pinceladas todo el proceso de sanación espiritual, hasta llegar a quedar fascinados y maravillados por la acción del Señor.
C).- Effata (ábrete)
- La fuerza de la Palabra se manifiesta en este relato: los oídos quedan abiertos, la lengua se suelta y el que hace un instante no podía ni oír ni hablar, recupera el lenguaje normal de toda persona.
- Quien se acerca a Jesús con fe, experimentará que todas las trabas (pereza, sensualidad, apatía, indiferencia, miedo, complejos, pecado...), ¡todo! se derrumba ante la acción poderosa y eficaz de la Palabra.
D).- Todo lo ha hecho bien
- Tremendamente admirados decían: Todo lo ha hecho bien.
- De la acción milagrosa del Señor hacia nosotros ha de brotar: la contemplación, la admiración, la fascinación por las maravillas que el Señor realiza en nuestro favor.
- Con frecuencia, el mejor remedio para salir de nuestras limitaciones, es reconocer nuestra pequeñez, confiar totalmente en la fuerza liberadora del Señor, entregarnos totalmente a Él, tal como somos y alabarle porque es nuestro Padre, que nos ama siempre.
- En Jesús, enviado e Hijo predilecto, experimentamos el amor que el Padre nos regala.
4.- MEDITO (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
Dios Trinidad me llama y me envía, me espabila el oído para que escuche palabras salvadoras, me provoca cuando estoy decaído, me sostiene y levanta cuando caigo, me fortalece en mi debilidad, me alimenta en mis hambres y carencias, me da palabras de sabiduría y lengua de iniciado, me inspira lo que tengo que decir y anunciar, no con palabras humanas sino con palabras inspiradas para anunciar íntegro el Evangelio.
Me pongo ante mi conciencia y ante Dios para analizar las causas de mi cerrazón y resistencia a la hora de estar totalmente abierto al amor, la gracia, la Palabra de Dios. Sin darme cuenta, o siendo consciente de ello, me he fabricado mi propia “sordera”, me hago el tonto y miro para otro lado cuando veo que el Señor me sigue provocando, exigiendo, comprometiéndome. Pienso si mi supuesta sordera no es signo de mis miedos y cobardías a la hora de asumir riesgos y compromisos evangelizadores desde la exigencia del carisma trinitario.
Jesús, con la fuerza de su Espíritu, lleva la iniciativa en mi proceso de sanación, mental y espiritual. Pero debo “dejarme” curar, sentir que Jesús me “toca”, que su saliva se funde con la mía, su savia con mi corazón. Sentir que su Palabra llega a mí como susurro, como soplo del Espíritu, como fuerza que arrasa mis miedos y acomodaciones.
Pero descubro en mí demasiadas resistencias. A lo largo de mis años me he “fabricado” una especie de “bunker” que me impide escuchar, comunicarme, anunciar, abrirme a lo bueno, enriquecerme con todo lo que los demás me ofrecen, a transmitir el tesoro que llevo dentro. Me refugio en mí y en mi mundo y eso me empobrece, me aísla, me anula.
El sordo vive ajeno a todos. ¿No estaré viviendo esa dinámica del aislamiento, el pasotismo, la desgana, la desilusión, el sentimiento de fracaso y nulidad, el miedo ante tanto compromiso, la acedia de la que nos habla el Papa Francisco?
¿Cómo he de tratar mi sordera? Voy a repasar los gestos que hizo Jesús y que están en el punto 2) Jesús lo apartó de la gente (página anterior)
La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira a un lado y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos que en nuestras comunidades trinitarias se favorezca un clima que permita un contacto más íntimo y vital con Jesús y los herman@s.
La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con él.
Jesús me grita con energía “ÁBRETE”: abre tu corazón a los demás, arriésgate a darte por entero, escucha el grito de los cautivos, de los pobres y desgarrados, sal de tu acomodación y mira a tu alrededor la cantidad de personas que sufren la esclavitud, soledad y aislamiento, muchas lágrimas derramadas en silencio, muchas personas que sufren víctimas de egoísmos, injusticias, odios y violencia.
¿Me siento orgullos@ por saberme mimado por Jesús al llamarme y confiarme su Evangelio liberador?
¿Me siento feliz porque voy al encuentro de personas que padecen todo tipo de dolencias y les aporto mi fe, mi alegría, mi amor total, mi compasión y misericordia? ¿Me siento a gusto porque llevo a Jesús a todos los que se sienten tristes, solos, agobiados y hundidos por la vida?
¿Me siento realizado porque llevo alegría, esperanza, libertad, compasión y amor a cuantos se sienten machacados por la vida?
5.- ORACIÓN
EL SEÑOR HACE JUSTICIA A LOS OPRIMIDOS (Sal 145)
Alaba a tu Dios, hermano,
canta las grandezas de su amor.
No te fíes de las palabras de los hombres
ni de las promesas de los poderosos,
son como soplo que se evapora.
Él es fiel, enteramente libre,
nada de marginaciones y prejuicios,
nada de favoritismos e influencias.
Tiene, sí, predilección por los pequeños,
por los vejados y olvidados,
por los pobres y desamparados,
por todos los que sufren,
por todos ellos llora Dios.
Quiere que se haga justicia al oprimido
y se libere a los esclavos y cautivos,
porque Él es la libertad.
No tolera el fraude y el abuso,
la extorsión y manipulación de los pequeños,
porque él es la justicia.
Exige que se compartan panes y medicinas,
que se tienda la mano al que se dobla,
que se anime al desconsolado,
que se cargue con el peso del hermano,
porque él es Padre de todos.
Clama en defensa de los niños y los ancianos,
de los huérfanos y las viudas,
de impedidos y discapacitados,
porque Él es Misericordia.
Prepara casa y albergue a los sin-techo,
a extranjeros e inmigrantes,
a refugiados y abandonados,
porque Él es cobijo y esperanza,
Vida y Amor para todos.