NOS HACEMOS ECO DEL ARTICULO DE P. ALIAGA, Publicado en www,trinitarios.net
FECHA:27/12/2012
«Renovados en el espíritu de nuestros padres»
Crónica de la apertura del Año Santo Jubilar de los Trinitarios
El 17 de diciembre de 2012 se ha abierto el Año Jubilar de la Orden Trinitaria, con una celebración eucarística que ha visto la gran basílica romana de San Crisógono llena de fieles. Más de un fraile, entre los más avezados en estas lides, ha confesado su sorpresa y contento al ver tantas delegaciones (y tan completas) de la Familia Trinitaria. La celebración fue presidida por el cardenal Joao Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, arzobispo emérito de Brasilia. Concelebraron con él los dos obispos trinitarios de Madagascar, Mons. Antonio Scopelliti (Ambatondrazaka) y Mons. Gustavo Bombín Espino (Tsiroanomandidy), el Ministro General de los trinitarios, fray José Narlaly, y el Maestro General de los mercedarios, P. Pablo Ordóñez. Los concelebrantes fueron un centenar. Entre ellos se encontraban los Consejeros generales de las órdenes de la Trinidad y de la Merced, el Procurador general y los provinciales y vicarios de nuestra Orden.
Significativa la presencia de sor Mary Lou Wirtz, Presidenta de la Unión Internacional de las Superioras Mayores (UISG) y general de las Franciscanas de Salzkötten. Entre las numerosas representaciones de la Familia Trinitaria, estaban la Madre Federal de las Monjas Trinitarias contemplativas, con otros miembros del Consejo Federal; las Madres Generales de las Hermanas Trinitarias de Valence, Roma, Madrid, Valencia y Mallorca y muchas religiosas de todos los institutos trinitarios. Numerosísimos los laicos y las laicas de las diversas asociaciones trinitarias italianas, oblatas, amigos, bienhechores y colaboradores de las obras de la Orden. Importantísima la presencia activa de los jóvenes religiosos de las casas de formación de Roma y Cori; los diáconos, estudiantes, novicios y postulantes se esmeraron en que todo resultara solemne y digno.
Un coro internacional interpretó diversos cantos bajo la dirección del P. Albert Anuzewski, con el maestro Volpi al órgano. Ante el altar mayor de la Basílica se colocó el precioso conjunto escultórico del siglo XIX que representa al ángel con los dos cautivos, y que se conserva en San Crisógono, así como una custodia con reliquias de san Juan de Mata y de san Juan Bautista de la Concepción.
El cardenal Braz de Aviz, con su característica sencillez y cercanía pastoral, pronunció la homilía delante del altar de la basílica. No siguió un texto escrito. Fue un discurso precioso, que tuvo fija la atención de todos los presentes. «La Iglesia aprecia el carisma de los trinitarios, tan antiguo, y da las gracias a todos aquellos que lo mantienen vivo para el bien de la Iglesia de hoy». Ensalzó la memoria de los dos santos Padres de la Orden, Juan de Mata y Juan Bautista de la Concepción, cuyos centenarios se celebran, presentándolos como un don de gran valor, no sólo para la Familia Trinitaria, sino para todo el Pueblo de Dios.
Su reflexión se centró sobre el Misterio de la Santísima Trinidad: a menudo estamos acostumbrados a pensar en la Trinidad como un teorema abstracto y por ello nos limitamos a adorarlo, pero lo tenemos lejos de nosotros. Sin embargo, no debe ser así. La Trinidad es el misterio de Dios, que se nos ha manifestado en su relación de amor entre las Tres Divinas Personas: el Padre es quien Ama, el Hijo es el Amado y el Espíritu es el Amor, según la célebre expresión de san Agustín.
Así, el Cardenal ha subrayado la importancia de formar nuestras relaciones humanas a imagen y semejanza de la Trinidad Santa. Así debería ser en las familias, viviendo la donación recíproca entre quienes la componen. Y así debería ser también en la Iglesia, especialmente en la Vida Consagrada.
Dios ha venido a salvar al hombre mediante el “abajamiento”, término que consideramos central en la homilía de Braz de Aviz. Por esta razón, el cardenal propuso la necesidad de recorrer este mismo camino en el anuncio del Evangelio, con una referencia evidente al Año de la Fe que la Iglesia universal está celebrando, insertando así el Jubileo de los trinitarios en el marco universal del Pueblo de Dios. Hablando de abajamiento y de humildad, el Prefecto expresó su deseo de que la Iglesia sea capaz de recorrer este camino en las relaciones entre quienes la componen, haciendo una referencia a la necesidad de más “abajamiento” y de “hacerse pequeños” en la relación entre jerarquía y religiosos, para mejorar en comprensión y en estima recíproca. Estas palabras son dignas del mayor aprecio, por su referencia a Cristo y a la sabiduría del Evangelio que debe presidir las relaciones entre la jerarquía y los religiosos.
Otra palabra clave de la homilía fue la diversidad. La Trinidad nos enseña la acogida entre personas diversas, en comunión perfecta de amor. Por tanto, la Trinidad nos desafía a crecer en la acogida de quien es diverso, y nos llama a dejar de considerarlo como un enemigo al que hay que combatir. La acogida de las personas que son diferentes y del concepto de diversidad, en el nombre de la Santa Trinidad, es un camino para la paz y un compromiso necesario para un mundo mejor.
La celebración eucarística concluyó con algunas palabras de agradecimiento por parte del Ministro General de la Orden dirigidas a todos los presentes, y con la proclamación de la Indulgencia plenaria concedida por el papa Benedicto XVI mediante rescripto de la Penitenciaría Apostólica. A continuación, el cardenal impartió la Bendición Papal a todos los presentes. La fiesta concluyó con un refresco, ofrecido por la Curia General y por la comunidad de San Crisógono a todos los presentes, en el salón del teatro parroquial.
Pedro ALIAGA, Roma