EDITORIAL
Comienza con la Navidad y la llegada de 2013 un nuevo tiempo, un momento de balances, de propósitos de regeneración y de esperanzas.. No hay duda de que a todos los niveles vivimos momentos de crisis económica, laboral y de distintos ámbitos que involucran a toda la sociedad, donde la moral se encuentra gravemente afectada. Precisamente deberíamos considerar que esta situación de dificultad y desorientación parten en principio de una crisis moral y de una pérdida y falta de cultura de la responsabilidad, y de las integridades éticas más fundamentales, junto a un desgaste de valores culturales identitarios (donde instrucción y expresión espiritual están igualmente afectados ); todo unido a una configuración cada vez más heterogénea de nuestra sociedad. La Nueva Evangelización a la que el Papa Benedicto XVI nos invita como compromiso para los próximos años, no puede ser ajena a esta situación. Hoy, en este cambio de calendario que siempre nos invita al examen y a una nueva propuesta de vida, desde la Basílica y Santuario de la Virgen de la Cabeza abordamos este punto de inflexión como un reto y como una gran esperanza. Por eso, desde este número nuevo de Aires de Sierra Morena hemos de recoger el desafío que como cristianos, como devotos de María en la advocación de la Virgen de la Cabeza, como fieles, romeros, como cofradías, peñas romeras y todo el contexto humano en torno a la Morenita para afrontar esta actual ola de laicismo y relativismo y el desaliento de los cristianos y esa cierta falta de compromiso en lo fundamental de la tarea de transmitir la fe. Y no poniendo en primer plano otros contextos propios de nuestra identidad romera, pero que son más insustanciales. Como creyentes, como cofradías, o como otras asociaciones marianas y romeras, debemos tomar conciencia, más constante, de lo que supone vivir dentro la Iglesia, y lo que hoy nos pide ésta.
La nueva evangelización nos exige saber leer y descifrar los nuevos escenarios, que en estas últimas décadas han surgido en nuestra realidad, para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio. La Iglesia nos involucra en el Año de la Fe. Por eso debemos todos implicarnos en una pastoral renovada y promoverla en nuestro entorno. Para eso debemos de regenerar nuestro ser personal y colectivo, predicar desde nuestro ser devotos de la Morenita con un ejemplo, revitalizado, depurando mucho que nos envuelve en un carrusel de cuitas que no nos dejan ver el horizonte, con tanto mirarnos el ombligo. Para ser portadores de la Esperanza tenemos que limpiar nuestras alforjas. Hoy Jesús, apoyado en su Madre, en la Virgen de la Cabeza, nos hace una llamada, nos pide una nueva Misión.
María santísima nos enseña la docilidad al Espíritu Santo que nos permite acoger la Palabra y llevarla a la práctica. A su materna protección confiamos los frutos espirituales de esta nueva Pastoral que tenemos que promover, confiando en la promesa de Jesucristo que animó en esta vida el compromiso apostólico de los santos, como son los trinitarios San Juan de Mata y San Juan Bautista de la Concepción, pilares del año jubilar trinitario que celebramos: El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él (Jn 14, 23).