Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

El primer día del año amanece bajo un nombre que lo sostiene todo: María.
Mientras el mundo estrena calendarios y formula propósitos, la Iglesia detiene el tiempo y contempla a una Madre con un Niño en brazos.

María no comienza el año con palabras grandiosas, sino con silencio. En ese silencio acoge a Dios hecho carne, frágil y confiado, nacido para redimir al mundo. Ella es Madre de Dios porque aceptó que el Eterno entrara en la historia, y con Él, en la nuestra.

En su regazo empieza la esperanza. No una esperanza ingenua, sino encarnada: Dios ha querido necesitar una madre, compartir la pobreza de un pesebre y la ternura de unos brazos humanos. María guarda todo en su corazón y nos enseña a empezar el año desde ahí: escuchando, acogiendo, confiando.

El 1 de enero no es solo el umbral de un nuevo tiempo; es la proclamación de que Dios no está lejos. Está en la vida, en la familia, en la fragilidad, en cada comienzo. Y María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ofrece a su Hijo para que este año tenga sentido, luz y paz.

Bajo su amparo comienza el año. Bajo su mirada, la historia sigue adelante.

Santuario, enero del 2026.-

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