PALABRA DE VIDA
“QUINTO domingo de Cuaresma (ciclo C)”
Santuario, 13 de Marzo, 2016
“Dios no condena”
Ambientación
"Estamos en el último domingo de Cuaresma, a pocos días de recordar y celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Pero celebrar la Eucaristía también es recordar y renovar nuestro compromiso cristiano con Jesús y con el Evangelio. Si los domingos nos reunimos en nombre de Jesús, debemos esforzarnos porque sus enseñanzas estén continuamente presentes en nuestra vida y las vivamos. En el Evangelio de hoy, Jesús nos va a dar una gran lección de comprensión y de perdón y nos dice que no seamos tan fáciles en condenar a los demás y que el amor debe estar siempre por encima de la ley. Que en nuestra vida cristiana demos más importancia al amor y al perdón que a la ley y a las normas".
Comentario
"Tú ¿qué dices?"
Quieren enfrentar a Jesús con la ley. El delito estaba bien tipificado por la ley. Pero ahora no les importa tanto la mujer, sino Jesús...
Jesús se toma su tiempo... Tú, ¿qué dices? se impacientan los acusadores...
Jesús como suspirando se tomó un tiempo de respiro. Se incorporó y empezó a mirar a todos y cada uno de los acusadores. Era una mirada lúcida, penetrante. Y avergonzados, cerraban los ojos.
Jesús quería saber hasta dónde llegaba su dureza, su falsedad, su ceguera.
El que esté limpio de pecado, “que le tire la primera piedra”.
Al oír esta palabra, se les fueron cayendo las piedras de las manos.
El que se atreve a condenar, ya comete pecado. Cada piedra tirada se volverá contra nosotros. ¿Quién se atreve a tirar piedras contra nadie? Sólo el que no se haya mirado en los ojos de Jesús. Esta palabra debe hacernos a todos más humildes, más comprensivos. Si te atreves a tirar una piedra, debes esperar a que algún día otro la tire contra ti.
“Yo tampoco te condeno”
Jesús miró ahora a la mujer asustada y agobiada. Mira a la mujer con toda la fuerza de su amor misericordioso. Ella comprendió, enseguida dejó de llorar y empezó a sentirse aliviada.
Entonces, Jesús, el único que podía haber tirado la piedra, cuando ya estaba la mujer sola, dijo bien alto, para que lo oyeran todos:
“Mujer, yo tampoco te condeno”.
Una palabra liberadora, misericordiosa, una palabra del cielo. Y la mujer empezó a llorar, pero ahora de emoción y alegría.
“Yo tampoco te condeno”. Ya había confesado Jesús que no había sido enviado “para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”. No ha venido a castigar a los pecadores, sino a salvarlos.
Esta palabra es el triunfo de la misericordia, como el domingo pasado con el hijo pródigo. Si el Padre castigaba con besos y banquetes. Jesús castiga quitando condenas. Ni el Padre ni Jesús piden cuentas...
Jesús quería a los pecadores, no al pecado. El pecado es en sí mismo un castigo. No hace falta que nadie lo condene, él mismo se condena. Todo pecado original dependencia y tristeza. Y Jesús nos quiere libres y dichosos. Así, hace a la mujer una corrección fraterna.
Seguro que la mujer aprendió bien la lección.
Y de lo que sí estoy seguro es que esa mujer jamás, jamás se atrevería a condenar a nadie. Aprendió de Jesús a ser humilde, a comprender a los demás, a no juzgar ni condenar. Nunca se atrevería a tirar piedra alguna.
Aprendió de Jesús la misericordia.
Hoy, de esta Palabra de Dios, todos podemos aprender un mensaje de salvación: “Cuando no tengas a nadie que te comprenda, cuando los hombres te condenen, cuando te sientas perdido y no sepas a quién acudir, has de saber que Dios es tu amigo. Él está de tu parte. Dios comprende tu debilidad y hasta tu pecado.
Esa es la mejor noticia que podíamos escuchar los hombres. Frente a la incomprensión, los enjuiciamientos y las condenas fáciles de la gente, el hombre siempre podrá esperar en la misericordia y el amor insondable de Dios. Allí donde se acaba la comprensión de los hombres, sigue firme la comprensión infinita de Dios.
Esto significa que, en todas las situaciones de la vida, en toda confusión, en toda angustia, siempre hay salida. Todo puede convertirse en gracia. Nadie puede impedirnos vivir apoyados en el amor y la fidelidad de Dios".
Pidamos al Señor, para que nos ayude:
1º OREMOS POR NUESTRA IGLESIA DIOCESANA, de JAEN
Para que en comunión con el Papa Francisco y nuestro obispo D. Ramón, viva este Año Santo, como un momentos extraordinario de gracias y de renovación espiritual. Roguemos al Señor.
2º OREMOS POR LOS PRESBITEROS, MINISTROS DE LA MISERICORDIA
Para que, con un corazón generoso, amen al pueblo que tienen encomendado con las entrañas misericordiosas de Jesucristo, Buen Pastor, y sean, a los ojos del mundo, el rostro compasivo del Señor, buen Samaritano. Roguemos al Señor.
3º OREMOS POR NUESTROS HERMANOS QUE SON PROBADOS Y SUFREN
Para que el Señor con su venida cure los dolores de los enfermos, de paz y alegría a los que no la tienen y libre al mundo de todos los males. Roguemos al Señor
4º OREMOS POR AQUELLAS PERSONAS QUE SE ENCUENTRAN ALEJADAS DE LA GRACIA DE DIOS DEBIDO A SU CONDUCTA DE VIDA.
Para que acojan la llamada a la conversión y se sometan a la justicia en este tiempo oportuno para cambiar de vida. Roguemos al Señor.
Oremos: Derrama, Señor, tu misericordia sobre nosotros y sobre todos los hombres, especialmente sobre quienes más lo necesiten.
¡Viva la Virgen de la Cabeza!