PALABRA DE VIDA
Vigésimo Octavo Domingo, Tiempo Ordinario (ciclo C)
Santuario, 09, Octubre, 2016
«.. Se volvió alabando a Dios Lc 17, 11-19.............».
Ambientación:
"Normalmente nos acercamos más a Dios para pedirle favores que para darle gracias por sus dones. Cuando nos llegan desgracias, acudimos a Él para pedirle ayuda y, también, para echarle en cara que nos tengan que suceder esas desgracias a nosotros.
En el Evangelio de hoy veremos cómo Jesús curó a diez leprosos, y sólo uno se acordó de volver dónde él a darle las gracias. Además era un extraño, poco amigo de los judíos, un samaritano.
A pesar de los sinsabores de la vida, tenemos mil motivos para ser agradecidos. Con Dios, con el vecino, con el amigo y con todo el mundo. Que nuestra reflexión de hoy sea una auténtica acción de gracias".
Palabra de Dios: Lucas 17, 11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.» Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes.»
Y mientras iban de camino quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que un extranjero para dar gloria a Dios?» Y le dijo: «Levántate, vete: tu fe te ha salvado.». Palabra del Señor.
Comentario
Se volvió alabando a Dios Lc 17, 11-19
Es una contradicción. Enseñamos a los niños a decir «gracias», al tiempo que les fabricamos un mundo donde apenas cabe esta palabra. Un mundo que funciona movido por el dinero, la obligación o el interés. Y es claro que, cuando todo se vende y se compra, queda poco sitio para la gratitud.
El mismo regalo se ha convertido muchas veces en «gesto social programado por los grandes almacenes donde se vende de todo menos gratuidad» (J.A. García-Monge). Los verdaderos regalos, pequeños o grandes, nacen siempre allí donde hay amor sincero entre las personas, más allá de lo establecido y de lo obligatorio.
No es extraño que en un mundo así «dar gracias» se haya convertido para bastantes en un mero signo de educación. Nunca dicen gracias de verdad. No saben agradecer la vida ni el amor y la bondad de las personas. No saben agradecer a Dios. Para sentir agradecimiento, la persona tiene que superar ese egocentrismo infantil de quien se cree que todo le es debido. Hay que reconocer lo gratuito, lo que estamos recibiendo como puro regalo, lo que no es fruto de nuestros méritos.
En realidad, sólo agradece de verdad quien sabe captar en su vida el amor, no en abstracto, sino encarnado en pequeñas experiencias de cada día. Ese amor que se esconde en el interés que alguien se toma por nosotros, en la amistad sincera de quienes nos quieren bien, en el apoyo y la ayuda desinteresada que se nos ofrece.
Sin duda, es mucho lo que debemos a muchas personas; pero, ¿a quién agradecer el amanecer de cada mañana o la respiración que nos mantiene vivos?, ¿a quién dar gracias por el ser, el bienestar interior o la alegría de vivir? Al creyente no le basta dirigir su acción de gracias a «la vida» en abstracto. Su agradecimiento se eleva hasta su Creador y Padre, fuente y origen de todo bien. Se ha dicho con razón que para el ateo auténtico es un problema sentir la necesidad de dar gracias y no saber a quién.
Según el relato evangélico (Lucas 17, 11-19), sólo uno de los leprosos curados vuelve a Jesús dándole gracias y alabando a Dios. Es conocida la queja de Jesús: «¿No ha vuelto más que este extranjero para alabar a Dios ?» ¿Serán siempre tan pocos los que vivan dando gracias por el regalo de la vida?
Al creyente que no le nace nunca de dentro la alabanza y el agradecimiento a Dios le falta algo esencial. Su fe necesita descubrir que la primera actitud ante la bondad y la grandeza de Dios se encierra en esa sencilla palabra: «Gracias.» Lo mismo que a los niños, ante el regalo de la vida alguien nos tendría que advertir: «¿Qué se dice?»".
Pidamos al Señor por intercesión de nuestra Madre la Virgen de la Cabeza, por cuanto necesitamos para hacer posible el reino de Dios, en nosotros:
R./: Ayúdanos Señor.
1.- Para que la Iglesia muestre siempre el rostro de Dios en su actuar concreto en favor de los más necesitados. Oremos.
R./: Ayúdanos Señor.
2.- Para que la paz en el mundo sea una realidad que nazca de nuestra certeza de haber nacido para la felicidad y la concordia. Oremos.
R./: Ayúdanos Señor.
3.- Por todos los gobernantes, para que descubran su misión de servidores, garantizando los derechos de las personas. Oremos.
R./: Ayúdanos Señor.
4.- Te pedimos por los extranjeros y excluidos; concédeles encontrar hermanos y hermanas que sepan acogerles generosamente y manifestar así que tu amor no conoce fronteras. Oremos...
R./: Ayúdanos Señor
5.- Para que Dios no permita que en la hora de nuestra muerte, desesperados y sin acordarnos de él, nos sintamos como arrancados de este mundo; sino que, confiados y con una gran paz, lleguemos a la vida feliz y eterna, Oremos al Señor.:
R./: Ayúdanos Señor
6.- Para que nuestra comunidad (parroquial) descubra su misión de trabajar entre la gente más sencilla. Oremos.
R./: Ayúdanos Señor.
Dios nuestro, fuente y origen de la vida temporal y eterna: escucha las oraciones de tu Iglesia y haz que no busquemos únicamente la salud del cuerpo; que los que nos hemos reunimos con nuestros hermanos volvamos a alabarte por el don de la fe, y que toda la Iglesia sea testigo de la salvación que tú obras continuamente en Cristo, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
ACCION DE GRACIAS
“El agradecimiento es la memoria del corazón”. Una memoria que hemos de intensificar y cultivar como el mejor compromiso de nuestra reflexión con todos los que están a nuestro lado, para hacer nuestra convivencia más feliz.
GRATITUD
Para la sociedad judía de aquella época, un leproso era un marginado desde el punto de vista social y religioso, un privado de salud y expulsado de su familia y de la comunidad. Camino de Jerusalén, Jesús se encuentra con unos leprosos que imploran de Él la salud. Los nueve judíos se llevan solamente la salud corporal. No saben descubrir el regalo gratuito de Dios. Sólo un extranjero y pagano se vuelve (conversión), alaba a Dios y se postra ante Jesús, es decir, le reconoce como Dios y salvador. Su caso desesperado se había convertido en una nueva vida. Lo que comenzó con una curación del cuerpo se transformó en una nueva existencia en Cristo.
¡Tenemos tanto que agradecer a Dios y a los demás! La vida es una gracia permanente. Que nuestras celebraciones (= acción de gracias) sea un canto de gratitud a Dios por todo lo que somos y tenemos.
¡Feliz semana!
¡Viva la Virgen de la Cabeza!