"PALABRA DE VIDA"
“Décimo Quinto Domingo, Tiempo Ordinario (ciclo C)”
Santuario, 10, Julio, 2016
"¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"
Ambientación
Aunque estemos en verano, el Señor nos sigue convocando e invitando a celebrar la Eucaristía, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos.
El verano y las vacaciones no es tiempo en que debamos olvidarnos de Dios, porque Él no nos olvida nunca; nos acompaña siempre; nos perdona; nos espera.
La ley fundamental de la vida es el amor. Quien la cumple es un discípulo de Cristo. El Señor me espera a veces en tiempos y lugares desacostumbrados, como nos dirá la parábola del Buen Samaritano. Busquemos al Señor en esta hora y en este lugar.
Oramos
Señor, perdónanos, porque nos olvidamos de los demás.
Perdónanos, el mal que nos hacemos unos a otros.
No sabemos o no queremos entendernos. Hablamos mal unos de otros, y muchas veces nos guardamos rencor.
No olvidamos ni somos capaces de perdonar.
Danos, hoy, fuerza para ayudarnos, entendernos y perdonarnos.
Leemos la Palabra de Dios
+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 10,25-37
En aquel tiempo se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.
Él le dijo: Bien dicho. Haz esto y tendrás vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo:
Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino, y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios, y, dándoselos al posadero, le dijo: Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?
El letrado contestó: El que practicó la misericordia con él.
Díjole Jesús: Anda, y haz tú lo mismo.
Palabra del Señor
Comentario
"¿Y quién es mi prójimo?
Es claro que no podemos oír el evangelio como una cantinela que no nos sirve gran cosa para hacer nuestra vida. Cuando actuamos como gentes satisfechas y rutinarias, que vamos a la iglesia por cumplir, pero no estamos dispuestas a cambiar nuestra vida, es como si tomáramos el nombre de Dios en vano. En el evangelio no hay sólo una doctrina que tenemos que conocer, sino una forma de ser que tenemos que vivir.
Un letrado le preguntó a Jesús qué tenía que hacer para heredar la vida eterna. Como era un letrado, se lo sabía bien. Hay que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y con todo el ser. Y hay que amar al prójimo como a nosotros mismos.
Lo de amar a Dios parece que no le ofrecía demasiadas dudas al letrado.
Su problema radicaba en el amor al prójimo. ¿y si el prójimo resultaba ser un extranjero, un delincuente, un pagano, un publicano o un enemigo?
Quizás las sinagogas y las instituciones judías, en vez enseñar el amor universal y la tolerancia, se habían convertido en escuelas de sectarismo y de intolerancia. Parece que allí el amor al prójimo también tenía sus limitaciones.
Entonces Jesús contó una parábola muy sencilla. Habla de un hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo dejaron medio muerto a la orilla del camino.
Esta imagen me recuerda a muchas personas que también han caído en manos de bandidos o explotadores y son arrojados al paro, a la emigración, a la incultura, a la pobreza o a la marginalidad.
Si abrimos los ojos, los podemos ver al borde de los caminos de la vida. En la parábola, Jesús cuenta que por aquel camino pasaron un sacerdote y un levita, que dieron un rodeo y pasaron de largo. Seguro que Jesús quiere poner en cuestión una religión que cuida mucho el culto externo y descuida la misericordia y el buen corazón. Nos quiere decir Jesús que se puede ser gente de Iglesia y al mismo tiempo ser gente insolidaria. Seguro que Jesús había visto gente así.
Nos sigue costando comprometernos con los que sufren, especialmente los marginados de nuestra sociedad y es muy fácil caer en la insolidaridad y el egoísmo.
Después Jesús habló de un samaritano, que sintió lástima del herido y lo cuidó con verdadero mimo. Para los judíos, este hombre seguramente representaba a los que no vivían con intensidad su vida religiosa, pero Jesús dice de él que se acercó al herido, se hizo prójimo y le ayudó. Termina Jesús diciendo al letrado: «Vete y haz tú lo mismo».
Este mensaje tan sencillo es también para nosotros.
Los cristianos hemos aprendido de Jesús a acercamos con cariño a los desgraciados del mundo. Queremos amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma, pero también queremos estar cercanos y ser prójimos de todos los pobres del mundo".
Necesitamos la presencia de la Virgen y la ayuda de Dios por eso pedimos:
Pidamos a Dios Padre que atienda nuestras necesidades:
- Para que en medio de la Iglesia surjan profetas anunciadores de la verdad, que nos ayuden a descubrir al Dios que se entrega por todos. Oremos...
- Para que el centro y la motivación del actuar de los cristianos sea la entrega de Jesús y el testimonio de su vida. Oremos...
- Para que seamos personas entregadas, buscadores del bien humano, implicados en la tarea de hacer un mundo justo y fraterno. Oremos...
- Para que nuestra comunidad (parroquial) dedique esfuerzo, tiempo, acogida, dinero... a los más necesitados y a los excluidos de la sociedad. Oremos...
Oración: Escúchanos, Señor, y atiende nuestras necesidades no por nuestros pocos méritos, sino por el mismo Jesús que nos habla del amor que se hace realidad.
Agradecemos a Dios lo recibido
"Señor, Tú nos complicas seriamente la vida.
Recurrimos a nuestra Madre la Virgen de la Cabeza, para afrontar el reto de enfrentarnos a lo que cada día se nos presenta.
Tu Mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas hubiera sido fácil de seguir sin tener que dar cuentas a nadie, sino sólo a Ti
Pero lo has unido al segundo y nos has mandado amar al prójimo, amar al otro, a todos los otros, amarlos siempre, y amarlos como a nosotros mismos.
Y eso no es fácil, Señor.
Es difícil amar al prójimo que veo, más difícil es amar a los que no veo, comprometernos con ellos y por ellos.
Hubiera sido más fácil dar limosnas, desprenderme de lo que me sobra, regalar lo que tengo a medio uso, hacer beneficencia.
Pero nos mandas amar, y pones como medida: amar como a nosotros mismos.
Y eso, nos parece demasiado para nuestro egoísmo.
Pero queremos seguirte, Señor, y estamos dispuestos a amar,
dispuestos a amar a los demás, como a nosotros mismos, dispuestos a luchar por la igualdad, o dispuestos, al menos a luchar contra las desigualdades.
Pero somos débiles, y necesitamos tu ayuda Señor.
"¡Te lo pedimos por intercesión de nuestra Madre la Virgen de la Cabeza!".