PALABRA DE VIDA
INMACULADA CONCEPCION, Ciclo A,
Santuario, 08, Diciembre, 2016
“Aquí está la esclava del Señor..».”
Ambientación:
"Hoy queremos preparar nuestro corazón para la fiesta de María, la madre inmaculada, por eso vamos a dirigir nuestros ojos a María como madre para aprender de ella a ser las personas que Dios quiere.
Vamos a escuchar lo que tiene que decirnos, vamos a intentar comprender sus razones, los motivos que nacen de Dios y que son el mejor fundamento para apoyar nuestra vida.
Y después vamos a proponernos imitarla en la vida, ser como ella, vivir su vida, ser cristianos al estilo de María. Comenzamos nuestra celebración, reconociendo que no siempre ha sido así, escucharemos después la Palabra de Dios. Dejémonos empapar por ella, para que el espíritu de María penetre en nosotros.
Oración
Danos, Señor, la alegría de descubrir
a tu Madre diciendo “sí”.
Danos, Señor, la alegría
de entrar en el silencio y la espera de tu Madre.
Danos, Señor,
la finura de María para guardar la Palabra
como ella la guardó.
Danos, Señor, ojos de sorpresa
para contemplar y descubrir
todo el misterio de Dios en la fragilidad pequeña
de un niño recién nacido.
Danos, Señor, fe para reconocerte
en la presencia normal de un hombre
como María supo reconocerte.
Danos, Señor, manos para tratarte
y acogerte con la ternura
de las manos de tu Madre.
Te lo pedimos por JNS...
Escuchamos la Palabra:
+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas, 1,26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo: - Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: - No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel: - ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó: - El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó: - Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró.
Palabra del Señor
COMENTARIO
"Celebramos hoy una fiesta entrañable: la Inmaculada. La tradición, en nuestro contexto cultural religioso cristiano, dedica un mes al recuerdo de María: el mes de mayo. Quizás porque asocia a María toda la belleza que la naturaleza ofrece en ese tiempo. Pero el mes cargado de sensibilidad mariana es precisamente el mes de diciembre. ¿Quién mejor que María estuvo pendiente y expectante ante el acontecimiento del nacimiento de Jesús? En el corazón del Adviento, hoy celebramos lo que Dios hizo en María como privilegio especial por ser Madre de Jesús: preservarla de lo que llamamos “pecado original”.
Los sabios, es su deber, intentar explicar qué es eso del pecado original. No resulta fácil en ocasiones buscar argumentos científicos para explicar cosas que todos sentimos. Pablo en la carta a los Romanos 7,19 confiesa que siente en él mismo una fuerza que le lleva a hacer el mal que no quiere. Y esta experiencia nos es común a todos. No somos capaces de ser lo buenos que quisiéramos ser. Ser buenos nos supera. Estamos dañados en lo más profundo de nuestro ser. Salimos con un “defecto de fabricación”. Nuestra condición humana lleva en sí misma una tendencia al egoísmo, a no hacer todo el bien que desearíamos. Esto es una manera de describir el pecado original. Llamados a encontrar a un Dios que no puede ser descubierto nada más que en el amor, nos vemos sorprendidos por íntimos y hondos deseos de “hacernos nosotros dioses”, de interrumpir el camino de amor y mirarnos sólo a nosotros mismos. “No vayas a Dios, hazte tú mismo dios. Sí, tú mismo puedes ser un dios. Haz tu “santa voluntad y déjate de historias”...
Cuando hoy celebramos la Inmaculada Concepción de María, lo que celebramos es que María estuvo desde el primer instante abierta al amor, abierta a Dios, orientada del todo hacia Dios. Fue un antojo de Dios con ella, destinada a ser Madre de su Hijo. Y nos alegramos de que Dios tuviera este antojo que le permitió caminar en el amor y dar un sí grande.
Decir sí no es cualquier cosa. Tú sabes cómo está hoy esto de los síes. Vivimos en tanta fragilidad que casi hemos llegado a creernos que no podemos dar síes largos, para siempre. Entre nosotros se extiende una cultura de síes cortos, provisionales, para probar..., sin demasiado compromiso. Fijaos dónde estamos llegando: no nos fiamos del sí que pronunciamos ni del sí que nos pronuncian. Puede ser que resulte, puede ser que no resulte... Desde los síes más insignificantes a los síes más comprometidos de la existencia, el sí de la vida humana es siempre una ventura y una fuerza que nos impulsa a crecer y a madurar. Maduramos y nos hacemos verdaderamente adultos manteniendo las exigencias del sí. Claro, decir sí es decir también no. No a todo lo que nos aparta de lo original, de lo esencial. El sí nos pide un ejercicio continuo de búsqueda para discernir por dónde nos filtra el egoísmo. El egoísmo es como el agua o como el gas: encuentran nuestros puntos débiles y por allí empiezan a filtrarse, a hacer goteras o a dar señales de escape...
Hay síes que nosotros tenemos que romper porque no nos dejan crecer y hay síes que tenemos que mantener para poder crecer. Y no valen excusas. Las excusas, como en el libro del Génesis, lo único que desvelan es nuestro pecado y la resistencia a reconocer nuestra culpa.
La Inmaculada, la mujer de síes incondicionales, la bendecida por Dios es hoy nuestro escudo y nuestra fuerza. También una garantía segura en la que apoyar la fragilidad de nuestros síes minados por el egoísmo.
El “sí” de María es una buena palabra de ánimo para nuestros síes, sobre todo para los que más nos cuesta pronunciar con el corazón... Los síes de nuestros labios valen poco mientras no estén pronunciados antes en el corazón. Que al final podamos decir: Dios, que se haga en mí lo que tú quieres. Estoy dispuesto. Estoy disponible".
Oración de los fieles
Unidos a María, Madre e intercesora nuestra, te pedimos confiadamente, Padre.
Todos: Escúchanos, Padre.
- Por todos los pueblos que sufren las consecuencias del pecado: la violencia, la injusticia, la insolidaridad ayúdalos a superar esas lacras: Oremos...
- Por las familias que sufren las consecuencias del pecado: los divorcios, las incomprensiones, el paro; que sepamos ayudarlas en sus dificultades. Oremos...
- Por los niños que sufren las consecuencias del pecado: víctimas de los abusos, del abandono o el mal ejemplo de los mayores; que sepamos protegerles y educarles. Oremos...
- Por los jóvenes que sufren las consecuencias del pecado: la falta de fe y los valores morales; que sepamos ofrecerles ayuda, amistad y testimonio. Oremos...
- Por la Iglesia, que también es pecadora; por la falta de unidad, por el cansancio y la rutina, por no vivir con fuerza el evangelio, para que sea “santa”. Oremos...
- Por todos nosotros, que somos pecadores, para que al igual que María seamos dóciles al Espíritu. Oremos...
Oremos: Escucha nuestra oración, Padre misericordioso, en la fiesta de la Inmaculada, líbranos de nuestros pecados y haz de nosotros testigos de tu amor.
Damos gracias al Señor por intercesión de nuestra Madre, en este día tan especial:
Jesús, te has hecho presente en el mundo
por el, “sí” generoso de María.
Y no te la has guardado para Ti,
sino que has querido
que sea también nuestra Madre,
dándonos el regalo de su amor.
Nosotros queremos trasmitir a todos los que nos rodean los valores de Maria, la disponibilidad, el compromiso, y la capacidad de servirles, para que juntos sigamos formando en la Iglesia la Comunidad que que Jesus desea.
¡Buen día, con María!