PALABRA DE VIDA

BAUTISMO DE JESUS

Santuario, 08, Enero, 2017

“Tú eres mi hijo amado”

 

Ambientación

 

        "Han pasado ya las fiesta de Navidad en las que hemos recordado el Nacimiento de Jesús en Belén; la despedida del año viejo y la entrada del nuevo año; la sorpresa de los Magos, que nos dejaron regalos en los zapatos...

 

         Hoy vamos a celebrar el Bautismo de Jesús en el río Jordán, que nos recuerda, también, el día de nuestro Bautismo.

         Aquel día, nuestros padres y padrinos, fueron los principales protagonistas, ya que nosotros éramos niños recién nacidos. Pero ya han pasado varios años y somos conscientes de la importancia de ese gran día. Por eso vamos a renovar las renuncias y promesas que, en nuestro nombre, hicieron nuestros padres y padrinos.

         Y lo vamos a hacer con mucha alegría, ya que fue el día más importante de nuestra vida, nada más nacer, empezamos a pertenecer a la familia de seguidores de Jesús".

 

Comentario

        El día de nuestro Bautismo el sacerdote, al recibirnos en la Iglesia, trazó sobre nuestra frente la señal de la Cruz, que es algo así como la insignia de los cristianos. Siempre que nos reunimos en la Iglesia, hacemos este signo diciendo... En el nombre del Padre....

         El agua signo de la gracia de la purificación que nos sumerge en el amor de Dios.

         Recojamos un poco de agua bendita, para recordar nuestro Bautismo y pedimos que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.

(Hagamos unos segundos de silencio y meditemos.......)

 

Recordemos:

  • ¿Renunciamos al odio y a la violencia, que sólo conducen a que haya guerras y muertes? Sí, renunciamos.

- ¿Renunciamos al egoísmo y al afán de riquezas, que sólo crean barreras    entre ricos y pobres? Sí, renunciamos.

  • ¿Renunciamos al poder y dominio sobre los más débiles y pequeños, que sólo lleva a que haya poderoso y esclavos? Sí, renunciamos.

Que esta agua, nos recuerde nuestro propio Bautismo, nos renueve por dentro y nos purifique de toda mancha y pecado. Amén.

        Leamos, la palabra de Dios, para que nos ilumine a seguir anunciando la "Buena Vida".

 

+  Lectura del santo Evangelio según san Mateo, 3,13-17

 

En aquel tiempo fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: - Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?

Jesús le contestó: - Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: - este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.

Palabra del Señor

 

Comentario:

         "Hace unos pocos días hemos comenzado un año nuevo. Naturalmente el nuevo calendario no cambia las cosas. Los problemas y sufrimientos siguen ahí. ¿Qué tendré que hacer yo para sentirme bien?

         A veces pensamos que lo decisivo es que cambien las cosas a nuestro alrededor. Esperamos que nos sucedan cosas buenas, que las personas nos traten mejor, que todo nos vaya bien y responda a nuestros deseos.

Pero, con el pasar de los años, es imposible tanta ingenuidad. Una pregunta comienza entonces a despertarse en nosotros: Para sentirme mejor, ¿tiene que suceder algo fuera de mí o justamente dentro de mí mismo?

Por eso, al comenzar el año, son bastantes las personas que se proponen vivir de manera más sana y ordenada, cuidar más su cuerpo, estar más en contacto con la naturaleza.

Otras han descubierto que es su vida interior la que está descuidada y maltrecha. Y con esfuerzo admirable se ejercitan en técnicas de interiorización y meditación, buscando paz y sosiego interior.

Pero llega fácilmente un momento en que la persona siente que su yo más profundo pide algo más. Al parecer, el ser humano no puede crecer de manera plana y armoniosa si faltan dos experiencias fundamentales.

La primera de ellas es el amor. Parece un tópico decir que la gente está enferma por falta de amor y que lo que muchos necesitan urgentemente es sentirse amados, pero realmente es así. La segunda es el sentido. No hay vida humana completa, a menos que la persona encuentre una motivación y una razón honda para vivir.

La fe cristiana no es ninguna receta para encontrar la felicidad. Ser creyente no hace desparecer de nuestra vida los conflictos, contradicciones y sufrimientos propios del ser humano. Pero en el núcleo de la fe cristiana hay una experiencia básica que puede dar un sentido nuevo a todo: Yo soy amado, no porque soy bueno, santo y sin pecado, sino porque estoy habitado y sostenido por un Dios santo que es amor insondable y gratuito.

Contra lo que algunos puedan pensar, ser cristiano no es creer que Dios existe, sino que Dios me ama y me ama incondicionalmente, tal como soy y antes de que cambie.

Esta es la experiencia fundamental del Espíritu. El “bautismo del Espíritu” que nos recuerda el relato evangélico y que tanto necesitamos los creyentes de hoy. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.

Si no conocemos esta experiencia, desconocemos lo decisivo. Si la perdemos, lo perdemos todo. El sentido, la esperanza, la vida entera del creyente nace y se sostiene en la seguridad inquebrantable de saberse amado".

 

Oremos:

         Como hijos amados de Dios le dirigimos nuestras súplicas.

  • Para que todos los que nos llamamos y consideramos cristianos nos animemos por ser y vivir como verdaderos seguidores de Jesús. Oremos.
  • Para que pasemos por la vida haciendo el bien. Oremos
  • Para que vivamos responsablemente las exigencias de nuestra fe en Jesús. Oremos.
  • Para que nos esforcemos por construir una sociedad más justa y solidaria. Oremos.

Oremos: Escúchanos, Padre, y derrama sobre todos nosotros tu Espíritu, para que seamos continuadores de la obra de tu Hijo Jesús.

 

Damos Gracias a Dios:

         "Te damos gracias, Padre bueno, porque en el Bautismo del Jordán te has manifestado ungiendo a Jesús, bañándolo en el Espíritu y presentándolo a la historia como el Hijo amado y cumplidor.

         Te damos gracias por nuestro propio bautismo, baño provocador del Espíritu, experiencia de muerte y de resurrección, tensión de despojo y de compromiso.

         Te damos gracias por los seguidores de Jesús, ungidos por el Espíritu, que se gastan en el servicio a los demás y nos acercan vitalmente al evangelio.

         Que caminemos siempre unidos, con la alegría de sentirnos hijos tuyos y hermanos de todos los hombres y mujeres.

 

¡Feliz comienzo de la cuesta de Enero!

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