NOCHE ESPECIAL

No era una noche cualquiera. La super luna y la lluvia de perseidas unieron sus sinergias para desplegar toda su magia celestial y recibir a La Morenita la madrugada del pasado lunes. Miles de romeros con fe, devoción y recogimiento se dieron cita en plena sierra de Andújar para conmemorar el 787 aniversario de la Aparición. Una cita ineludible para los devotos de la Virgen de la Cabeza que viven esta celebración de manera especial como llamada intrínseca al origen de esta devoción mariana.

Cincuenta y ocho cofradías filiales, seis procofradías y la Matriz de Andújar acompañaron a la patrona de la diócesis de Jaén, junto a una multitud de devotos que, a pesar de coincidir entre semana y en lunes, no dudaron en arropar a la Morenita, agolpándose, como si del último domingo de abril se tratara, en la plaza, junto al arco. Palmas, vivas y lágrimas que no cejaron en todo momento dedicadas a la Madre que cariñosa y agradecida recibía el calor de sus hijos sobre sobre los calurosos hombros de los siempre fortalecidos por su presencia anderos.

Emoción embargada y lágrimas de emoción derramadas tanto dentro como fuera del templo. Y un derroche de sentimientos a flor de piel se hicieron palpables cuando la imagen de la Morenita fue portada desde el camarín y el altar exterior hacia sus andas por el Hermano Mayor de la Cofradía de Andújar, Manuel Vázquez, el Concejal de Festejos, Eugenio Martínez, el presidente de la Cofradía Matriz, José Carlos Millán y el Hermano Mayor de Colomera, Guillermo Valverde.

El obispo de la diócesis de Jaén, Ramón del Hoyo, celebró la eucaristía en la que participaron una treintena de religiosos trinitarios, así como su provincial, P. Luis Miguel Alaminos, además del rector de la Basílica-Santuario, P. Domingo Conesa, el arcipreste de Andújar, Pedro Montesinos y el diácono permanente, Andrés Borrego. Previa a la celebración tuvo lugar el rezo del santo rosario donde una alfombra de velas lucía fervorosa ante la Basílica Santuario como símbolo de la llama renovada de la fe.

Bajo un manto rosa, donado por una familia de Jódar y con el que la imagen ya procesionó en la romería de 2001, los ciento diez anderos, hombres y mujeres, transformaron el esfuerzo de transitar por las calzadas en un paseo divino ante los ojos emocionados de sus hijos. El manto encierra una historia con final feliz ya que una niña afectada por una enfermedad soñó con la imagen luciendo un manto rosa. Tras encomendarse a la Virgen, prometió que ofrecería una vestidura de ese color si finalmente se curaba, cosa que así sucedió. La saya y el mantolín pertenecen al juego que se donó en 2009 con motivo del Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen, diseñado y ejecutado en los talleres del diseñador andujareño Pedro Palenciano Olivares.

La Morenita lució una vez más la corona más popular y querida por los devotos, conocida como “canastilla” que fue donada por el pueblo de Andújar en 1960 con motivo de la recoronación de la imagen, y realizada por el orfebre cordobés Manuel Aumente sobre un diseño previo del andujareño Antonio González Orea.

El coro de la Cofradía Matriz destacó por su armoniosidad tanto en el rezo del rosario, con el estreno de las composiciones sobre los misterios gozosos, como durante la misa. Su buen hacer se materializó en un hermoso gesto que sus miembros recibieron con acalorada emoción, ya que en el traslado desde el altar exterior hasta las andas, pudieron contemplar a escasos centímetros el rostro de María de la Cabeza antes de comenzar la procesión por las calzadas.

Uno de los momentos más destacados de la noche fue cuando las andas procesionales de la Virgen sobre los hombros de sus anderos cruzaron el arco. Una multitud de fieles aguantaban en la plaza y embargados por la emoción, no cesaban de aplaudir a su patrona y vigía, así como de dedicarles vivas. A las puertas de la cofradía de Jaén la cantante Gracia Morena dedicó varias canciones a La Morenita, despertando los aplausos de los presentes.

Engalanada con nuevas colgaduras, la casa cofradía de Andújar, fue otro de los puntos más emblemáticos. De nuevo allí el coro de la Cofradía Matriz dedicó acordes a la imagen.

Recogimiento y sentimiento de hermandad sin dobleces del mismo pueblo bajo el mismo manto que con diferente nomenclatura y disponibilidad geográfica se unieron en uno solo ante la mirada morena de una madre, protectora y siempre atenta a las plegarias, promesas y ruegos.

 

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