Mensaje del Ministro General a la Familia Trinitaria con ocasión de la solemnidad de nuestro Padre y Fundador San Juan de Mata y de la Navidad 2016

Queridos hermanos y hermanas:

Al acercarse las Solemnidades de nuestro Patriarca y Fundador, San Juan de Mata, y de la Natividad de Nuestro Señor, deseo reflexionar con todos vosotros sobre los lazos que unen el misterio de la Encarnación y nuestro carisma propio.

Dios se ha hecho carne en Jesucristo. Jesús ha pagado el rescate de nuestra redención entregando su vida al Padre en la Cruz. Movido por el amor redentor de Cristo y por el amor compasivo hacia sus hermanos esclavos, San Juan de Mata, ha fundado la Orden para rescatar a los cautivos cristianos y para aliviar los sufrimientos de los pobres y de los más necesitados. El cielo y la tierra se hallan en Cristo en perfecta armonía. Dios, el pobre y el cautivo, hallan la mejor acogida en el corazón de San Juan de Mata.

Hemos llegado a la conclusión del Jubileo extraordinario de la Misericordia y espero que una luz muy especial ilumine la vida de cada Trinitario y Trinitaria. Nos hemos acercado al corazón de Dios y, por tanto, el pobre y el cautivo se han acercado a nuestro corazón. El drama de la persecución de los cristianos continúa sin tregua ante nuestros ojos. Esto es particularmente evidente en Siria e Irak, donde la devastación de la guerra y de las muertes indiscriminadas han causado a nuestros hermanos y hermanas un sufrimiento y degrado indescriptibles. Estamos orando y ofreciéndoles algún tipo de ayuda, pero cada uno de nosotros está llamado a una mayor atención hacia este hecho de la persecución y  a manifestar una actitud solidaria hacia ellos. Visitando la Familia Trinitaria en diversos países me he encontrado con hermanos y hermanas con necesidad material y espiritual. Estamos tratando de promover el compartir y la solidaridad entre nosotros y con quienes tienen hambre y sed de Dios. Hay muchos que necesitan ser nutridos y acompañados, por ello debemos preguntarnos: “¿Cómo podemos ser más eficaces y más generosos como Trinitarios?”.

El misterio de la Encarnación y las actitudes y los valores presentes en la vida de Nuestro Padre San Juan de Mata y en las vidas de nuestros santos y santas a través de los siglos, nos inspiran y nos confirman en nuestra vocación trinitaria. Cada vez que descubrimos nuestra cruz trinitaria roja y azul en cualquier parte del mundo, en especial en los lugares donde hemos estado presentes en otros tiempos, nuestros ojos se sorprenden y nuestro corazón vibra de forma especial. En esta cruz contemplamos nuestro emblema y un signo muy especial que nos habla, que nos hace sentir con Cristo Crucificado y nos confirma como miembros de la Familia Trinitaria en los lugares donde estamos presentes. Este signo es parte esencial de nuestra “Bandera Trinitaria” y nuestra Cruz de Guía en el camino cristiano de la vida. Tratemos de profundizar en la comprensión y aprecio hacia esta preciosa heredad recibida.

La cruz es signo e instrumento de salvación: “¡Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz has redimido al mundo!”. Sin la cruz no hay salvación: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Quien desee venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mt. 16, 24). Los misterios de la Encarnación y de la Redención están muy estrechamente unidos y no es posible separarlos. Jesús ha nacido en la carne para redimirnos, se ha hecho pobre para enriquecernos, ha bajado del cielo para llevarnos al cielo. Se ha despojado de la gloria para donarnos la dignidad de hijos de Dios. Ha muerto para darnos la vida eterna. No debe maravillarnos el hecho que como cristianos estemos llamados a negarnos a nosotros mismos por seguir a Cristo. Muriendo a nosotros mismos, quedamos más predispuestos para el encuentro con Dios Trinidad y para servir a nuestros hermanos y hermanas desinteresadamente. Quien está lleno de orgullo y de egoísmo es víctima de una vida autorreferencial. El misterio de la cruz nos ayuda a superar el egoísmo y la mundanidad. Como creaturas tocadas por la concupiscencia, estamos inclinados a los deseos egoístas y mundanos que interfieren en nuestra unión con Dios y en la cercanía a los hermanos y hermanas necesitados.

El proyecto de San Juan de Mata requiere un heroico servicio hacia los pobres y los cautivos. Además, se nos pide un grande espíritu de generosidad y de libertad, hasta el punto de sacrificar nuestras comodidades y conveniencias. La cruz roja y azul que llevamos en el pecho no es sólo confesión de nuestra fe en Jesucristo, como verdadero Dios y verdadero Hombre, sino también es un signo de la sangre y el agua que manaron del Costado traspasado. Ciertamente, este signo de la sangre y el agua da testimonio de la muerte de Cristo, y de su Corazón herido por nuestra salvación. Él ha muerto por ti y por mi derramando hasta la última gota de su sangre. Él ha venido para mostrarnos su amor y servirnos hasta el punto de entregar su vida en rescate por nuestros pecados. Desde la fundación, el rescate de cuantos han sido encarcelados por la fe en Cristo ha exigido un alto precio, nosotros tenemos necesidad de una mayor generosidad para realizar nuestra difícil misión. ¿Puede un trinitario o trinitaria que lleva con orgullo la cruz roja y azul escatimar generosidad en el servicio y la salvación de los demás? No sólo los religiosos, monjas, religiosas y laicos trinitarios llevan la cruz, sino también los cautivos liberados tienen también el privilegio de llevar este signo tan emblemático y significativo. Cuanto más nos entreguemos en favor de la dignidad y la libertad de quienes están privados de ellas, tanto más seremos auténticos trinitarios.

Otra de las muchas características de nuestra cruz trinitaria es que tiene los brazos iguales. Según el Santo Reformador, San Juan Bautista de la Concepción, es una señal del espíritu de igualdad que debe reinar entre todos los hermanos en cada una de nuestras comunidades y fraternidades. El sentido de igualdad nos lleva a ser transparentes y a compartir, de tal modo que se eviten las desigualdades entre hermanos y hermanas, entre quienes viven cómodamente y quienes carecen de lo más necesario. No tenemos que maravillarnos que Nuestro Santo Fundador haya insistido tanto en la Regla sobre el modo de compartir los bienes materiales. Al mismo tiempo, todos estamos llamados a la laboriosidad y a contribuir al bien de nuestras comunidades y fraternidades. Cada uno, según sus posibilidades, está llamado al compromiso del trabajo y a hacerse responsable del bien del Instituto, comunidad o fraternidad. Es, sobretodo, el espíritu de colaboración y corresponsabilidad el que hace de nuestras comunidades y fraternidades auténticas Casas de la Trinidad.

Vivir nuestra consagración con la correcta observancia de los votos de pobreza, castidad y obediencia (también nuestros hermanos y hermanas laicos están llamados a vivir este espíritu según su propio estado de vida), es sólo posible para quien vive la espiritualidad de la cruz trinitaria. Teniendo en cuenta que ella es nuestra cruz de guía, blasón y signo externo de nuestra profunda identidad, estamos llamados a hacerla luminosa y gloriosa crucificando en ella todas nuestras tendencias pecaminosas y deseos egoísticos. De este modo, estamos más preparados para configurarnos con el Crucificado, Cristo Salvador.

Si tomamos nuestro compromiso religioso a la ligera por satisfacer nuestros caprichos personales, renunciamos a las exigencias de la evangélica abnegación y con facilidad sucumbimos ante el orgullo y la rebelión. De este modo para algunos de nosotros, el sacrificio que nos pide la auténtica vida de comunidad y el espíritu de Nuestros Padres se nos hace una carga pesada. Tratemos de eliminar el peso inútil del egoísmo y abracemos la cruz con espíritu de abnegación y sacrificio, y así nuestra cruz roja y azul que llevamos con orgullo sobre nosotros, podrá significar y anunciar al mundo que Cristo Jesús es nuestro único fundamento y que colaboramos íntimamente con Él en la obra de la redención, rescatando a los cautivos y sosteniendo a los hermanos y hermanas más desprotegidos.

La actitud de Jesús en la Encarnación, de profunda humildad y disponibilidad total, es lo que San Juan de Mata y los primeros trinitarios han abrazado y vivido en su tiempo dedicándose a las actividades de rescate y las demás obras de misericordia. El espíritu de la tertia pars presente en la Regla de San Juan de Mata y la introducción de la caja de la redención en todas nuestras comunidades y fraternidades, están finalizados a vivir el espíritu trinitario compartiendo generosamente con los pobres y los más desfavorecidos. La actitud trinitaria de auténtica solidaridad con los presos y los necesitados que viven en nuestros ambientes y lugares, nos permitirá llevar una vida sencilla y gozosa, caracterizada por un corazón generoso y libre. No vivimos para mejorar nuestro tenor de vida, sino para mejorar el tenor de vida de quienes están en cadenas y en las cunetas del camino. Este es también otro modo de hacer gloriosa la cruz que nos contradistingue.

El misterio de la Encarnación nos enseña a llevar a la vida cotidiana las enseñanzas y la vida del Salvador. Toda nuestra formación, enseñanzas, predicaciones y ministerios tienen verdadero sentido cuando continúan modelándonos a imagen de Cristo Redentor. Solos, por nuestra cuenta, no podríamos ni vivir ni trasmitir el auténtico testimonio de Cristo Jesús. Pero el don del Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad. Es el mismo Espíritu el que nos hace hábiles para proclamar, al mismo tiempo, la divinidad y la humanidad de Cristo. Que el Espíritu Santo venga en nuestra ayuda para que podamos vivir, proclamar y hacer gloriosa la cruz roja y azul que llevamos con orgullo.

Como ya sabéis, celebraremos la VIª Asamblea Intertrinitaria en Buenos Aires (Argentina) durante los días 23-27 de octubre del 2017. En esta Asamblea tendremos la oportunidad de compartir y de reflexionar sobre la vocación trinitaria, así como se encarna hoy en toda la Familia Trinitaria. Trataremos sobre los modos de animar a los jóvenes que participan en nuestras actividades pastorales de tal modo que puedan percibir mejor el atractivo de la vocación trinitaria. Trataremos sobre los modos de animar a los jóvenes que participan en nuestras actividades pastorales de tal modo que puedan percibir mejor el atractivo de la vocación trinitaria. Celebrando la Asamblea en Argentina, este hecho nos permitirá conocer la realidad del territorio y del Continente del Papa Francisco.

Preparémonos para participar en este momento importante de tal modo que nos permita vivir con un mayor entusiasmo y eficacia nuestro carisma y misión, siempre muy actuales.

Les deseo a todos y a cada uno una fiesta significativa y gozosa de Navidad y de la solemnidad de San Juan de Mata, nuestro Patriarca y Fundador.

Fraternamente vuestro,

Roma, 27 de noviembre 2016, Primer domingo de Adviento

Fr. Jose Narlaly, O.SS.T.,

Ministro General

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