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LA GRACIA LLUEVE SOBRE EL SANTUARIO

Con Septiembre se reinicia el movimiento de las Cofradías y Colectivos Romeros entorno a la Virgen y su gracia cae sobre ellos como la ansiada lluvia sobre esta Sierra Morena.
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Vestidos con sus mejores galas y ataviados con estandartes y banderas, se acercan dichosos a ver a la "Reina" de sus amores, a darle gracias y a encontrarse "con ese Dios presente" en cada uno de los que les acompañan para que su pena se haga más chica y su gozo desborde para que la felicidad sea plena.

El reencuentro con los amigos, conocidos y aquellos otros "nuevos", que nos hacen la el momento y la vida más plena, y especialmente cuando nos encontramos "con y junto" a la palabra de Dios".
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Las Cofradías y Colectivos Romeros, en la celebración Eucarística, "reservada y preparada", viven y comparte su especial devoción con cuantos participan en la misma.
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Nos encontramos con la palabra de Dios que nos interroga y cuestiona a vivir más profundamente nuestra fe y nuestros compromisos cristianos.

El día 14 celebrábamos la "Exaltación de la Santa Cruz”. La palabra “exaltación” significa alabar, dar importancia. ¿Por qué celebramos hoy esta fiesta? Porque allá por el año 320, es decir, hace unos 1.600 años, la Emperatriz Elena de Constantinopla dijo que había encontrado la cruz en la que murió Jesucristo. La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento una iglesia muy grande con la reliquia. 200 años después un rey persa conquistó Jerusalén y puso la cruz debajo de su trono, mostrando así si desprecio por los cristianos. Pero el año 628 otro emperador cristiano venció a los persas y recuperó la cruz y la llevó a Jerusalén el 14 de septiembre de ese año. Desde entonces se celebra esta fiesta.
Y es que la cruz donde murió Jesús es el símbolo más importante para todos nosotros, porque en ella murió Jesús y nos dio la nueva vida que ahora vivimos, enseñándonos a vivir como Él.
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Cuando los cristianos miramos al Crucificado no ensalzamos el dolor, la tortura y la muerte, sino el amor, la cercanía y la solidaridad de Dios que ha querido compartir nuestra vida y nuestra muerte hasta el extremo.
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No es el sufrimiento el que salva sino el amor de Diosque se solidariza con la historia dolorosa del ser humano. No es la sangre la que, en realidad, limpia nuestro pecado sino el amor insondable de Dios que nos acoge como hijos. La crucifixión es el acontecimiento en el que mejor se nos revela su amor.

Descubrir la grandeza de la Cruz no es atribuir no sé qué misterioso poder o virtud al dolor, sino confesar la fuerza salvadora del amor de Dios cuando, encarnado en Jesús, sale a reconciliar el mundo consigo.
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En esos brazos extendidos que ya no pueden abrazar a los niños y en esas manos que ya no pueden acariciar a los leprosos ni bendecir a los enfermos, los cristianos “contemplamos” a Dios con sus brazos abiertos para acoger, abrazar y sostener nuestras pobres vidas, rotas por tantos sufrimientos.
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Participar en la Eucaristía con nuestros hermanos es hacer presente el amor de Dios sobre nosotros y como lo hemos de llevar a nuestros hermanos en el día a día de nuestra vida.

Secretaría