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PEREGRINACIÓN BLANCA 2017

escrito por:  admin hace 1 mes  622 visitas

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     A TI SEÑORA DE LA CABEZA

una vez más nos preguntamos

 

                Hemos vivido hace unos días, la experiencia del Espíritu, trasmitido, por el Señor a través de la Virgen de la Cabeza, participando en la "Peregrinación Blanca", el día 8 de Octubre.       

         El segundo domingo de octubre, donde año tras año celebramos el encuentro del "enfermo" con nuestra señora la Virgen de la Cabeza. a través del:

                   Santo Rosario.

                   Exposición del Santísimo, y procesión por el interior de la Basílica.

                    La Santa Misa y posterior besamanto a las pies de la escalinata del presbiterio donde es trasladada, para que pueda ser besada por los devotos de la Virgen.

Mas de tres mil personas, pasaron a besarla.

Todos los que hemos participado nos preguntamos:

 

         ¿Qué hay que hacer en la vida para acertar? No es fácil responder, pero sin duda es una pregunta vital. ¿ Cómo hemos de vivir para que se pueda decir que nuestra vida es un acierto? Nos podemos equivocar en muchas cosas, pero, ¿no habrá algo en que hemos de acertar?

         Se suele decir que para llenar una vida es necesario tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Sin embargo, yo conozco a personas que no han hecho ninguna de estas tres cosas y cuya vida me parece un acierto. Y conozco también a personas que han tenido hijos y han escrito libros y cuya vida no parece muy acertada.

         Sin duda, hay mucha sabiduría popular en ese dicho, pues, en definitiva, cuando se habla de tener un hijo, plantar un árbol o escribir un libro, se está apuntando a algo fundamental. En la vida se acierta cuando se vive un amor fecundo, capaz de engendrar vida o hacer vivir a los demás. Sólo este amor justifica y llena una vida.

         De ahí la dura amenaza que se escucha en el trasfondo de esa parábola de los viñadores que, lejos de entregar los frutos de su trabajo, dan muerte al hijo del dueño. Se les quitará todo para dárselo a otros labradores que «entreguen los frutos a su tiempo».

Hay muchas formas de «perder la vida». Basta dedicarse a hacer cada vez más cosas en menos tiempo, creyendo que por el hecho de «hacer cosas» se vive más. Es una equivocación. Por muchas cosas que uno haga, si vive sin amar y sin poner vida en las personas y en el entorno, estará vaciando su vida de su con- tenido más precioso.

Corre por ahí una reflexión de Luis Espinal, sacerdote jesuita, asesinado en 1980 en Bolivia. Dice así: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado. Pero, ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.»

Recuerdo que, al morir Juan XXIII, aquel Papa bueno que

introdujo en la Iglesia y en el mundo un aire nuevo de esperanza, de bondad y de convivencia pacífica, el cardenal Suenens pudo decir que «dejaba el mundo más habitable que cuando él llegó». De Jesús quedó este recuerdo: «Pasó toda la vida haciendo el bien.» A alguno le parecerá tal vez poco. Para el cristiano es el mejor criterio para vivir con acierto.

         Al haber estado tan cerquita de la Imagen de la Virgen, hemos  recibido parte de su espíritu, para que puedas llevarlo y trasmitirlo a todos los que estén cerca de ti, con la seguridad que ELLA nos da.

 

                                               ¡ Viva la Virgen de la Cabeza!

                                                                  P. Domingo

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