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PALABRA DE VIDA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO 2017

escrito por:  admin hace 1 mes  428 visitas

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PALABRA DE VIDA

Domingo decimonoveno del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Santuario, 13 de Agosto de 2017

" Soy yo, no tengáis miedo. "

 

Ambientación

Nos ponemos en la presencia de Dios, para comenzar este encuentro con El.

         "Nos encontramos en un momento de la historia, difícil y duro. También en una situación de dudas y conflictos en nuestra vida de creyentes. Pero, las crisis y dificultades no deben servir para sentirnos derrotados, sino para luchar y superarlas.

         El derrotista es la persona que se deja acobardar por el miedo, renuncia al futuro y pone el presente como un muro imposible de superar. El derrotista agranda los problemas y los teme como una amenaza para el futuro.

         El creyente, que no pone su confianza en el Señor, ve el demonio por todas partes, se imagina herejías. Si en la Iglesia aparecen nuevos ritos y costumbres, ve en ello algo en contra de la fe y la religión. Si hay menos vocaciones religiosas, imagina que la Iglesia no tiene futuro. Confunde con facilidad, lo temporal con lo eterno y los cambios en la Iglesia, con la pérdida de fe.

         Al derrotista le pasa como a Pedro: tiene miedo a hundirse cuando camina por el desconocido mar hacia Jesús, que aunque aparenta estar dormido, camina a nuestro lado.

(Un momento de silencio)

 

En la presencia de Dios decimos:

 

Yo confieso

- Muchas veces el miedo nos impide trabajar y luchar en la vida y desconfiamos de tu ayuda. Señor, ten piedad.

- Muchas veces protestamos por los cambios y nos quejamos diciendo que nos hacen perder la fe. Cristo, ten piedad.

- Muchas veces vemos herejías, debilidades y desastres en la Iglesia y dejamos de prestar nuestra ayuda y desconfiamos de los sacerdotes. Señor, ten piedad.

 

Oración

Señor, Tú viviste entre nosotros, y supiste lo que es sufrir y padecer, supiste lo que es enfrentarse

a los golpes de la vida y a la cruda realidad.

Pero lo superaste con valentía,

sin dar marcha atrás atenazado por el miedo.

Concédenos esa fuerza y ese valor

para afrontar las dificultades de nuestra vida,

para aceptar los cambios y opiniones

sin sentirnos nunca derrotados y fracasados.

Amen

 

Leemos la Palabra, para que nos ilumine y nos afiance en la fe de Jesús:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo, 14,22-33


Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo:

-«Ven. »
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»

 

Palabra del Señor.

 

Comentario

            "La primera lectura es una ingenua y bella narración. Elías llega al monte Horeb (Sinaí), por donde el Señor va a pasar. En ese mismo monte, Dios se había manifestado a Moisés, entre truenos, relámpagos y vendavales. Pero ahora el ambiente cambia. En un texto de gran lirismo se dice que vino "un viento huracanado, que agrieta los montes y rompe los peñascos , un terremoto..., un fuego ". Y, por tres veces se repite la misma fórmula: ni en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego estaba el Señor. Hasta que finalmente "se escuchó un susurro": no se dice que "allí sí estaba el Señor", sino simplemente que "Elías, al oírlo, se cubrió el rostro", con una actitud de respeto semejante a la de Moisés, al descalzarse ante Yahvé.

         Un proverbio etíope dice: "La palabra que tú necesitas, no te la puedes decir a ti mismo", Puede servir de resumen de lo que quiere indicar el texto de Elías: todos necesitamos palabras que se nos digan al corazón y, a los cristianos, sobre todo, nos hace falta esa Palabra, que resuene en el corazón del creyente y que ilumine nuestro interior, Esa Palabra no está en los huracanes que azotan nuestra vida y que nos impiden estar a solas con nosotros mismos, sacudidos por vendavales de un ritmo acelerado de ocupaciones y trabajos no siempre necesarios, tampoco está en los terremotos, en los ruidos ensordecedores de músicas y de Walkmans, que embotan nuestro interior, ni en el fuego de nuestras pasiones o de nuestros deseos de poseer. Dios está en el "susurro", en la "brisa tenue", Allí no sólo podemos encontrar la "palabra que ,.., no te la puedes decir a ti mismo", sino al que es la verdadera Palabra...

 

         Pero, todos lo sabemos, la vida es mucho más que "susurro" y "brisa tenue", Son también tempestades y terremotos, inseparables de la condición humana", y ahí están las imágenes maravillosas evangélicas: Jesús finge estar dormido sobre un cabezal en la barca, pero él no nos abandona. Jesús parece estar al margen de la tempestad que sacude la barca de los discípulos, pero desde su monte de oración nunca abandona a sus amigos. Y, siempre nos puede decir al corazón esa expresión que tantas veces repiten los evangelios: "Ánimo, soy yo, no tengáis miedo", Cuando, como Pedro, nos entra miedo y empezamos a hundirnos, siempre podemos gritar: "Señor, sálvame", y sentir que su mano fuerte nos agarra y nos saca a flote.

 

         En estos veinte siglos de cristianismo, muchos hombres y mujeres han sentido en carne propia que esto era así: que podían encontrarse con Jesús resucitado en la "brisa tenue"; en el silencio de un templo, en las verdes praderas y lagos de Oxford o en los montes y verdes prados de nuestra tierra de Cantabria; entre las melodías de las grandes Corales clásicas o en ese canto popular que cantamos en la celebración...Pero también han tenido la experiencia del Resucitado que les ha agarrado con cariño y con fuerza en las tempestades y terremotos de la vida.

 

         Por eso queda una cierta tristeza en la proyección de "Tierra de penumbras". No sólo porque el profesor de Oxford, tiene serias dudas sobre si el amor que ha vivido podrá continuar en el cielo, sino también porque su fe cristiana no le lleva a poder afirmar que la tierra no es sólo penumbra, sino también esperanza. Tiene razón la continua afirmación del profesor de que el dolor y la muerte son los cinceles que moldean el corazón de las personas y les hacen crecer, eso que decía Bloy, de que hay espacios en el corazón humano que no existen y que es necesario que se introduzca allí el dolor para que empiecen a nacer...

 

         Pero también es verdad que la fe y la esperanza cristiana pueden convertir nuestra tierra de penumbra en una tierra de hondo gozo y esperanza".

Es el momento de hacer silencio, meditar.........

 

         Oremos y Pidamos al Señor por intercesión de nuestra madre la Virgen de la Cabeza.

 

VEN, SEÑOR, A NUESTRA BARCA VACILANTE.

 

1.- Pidamos, en primer lugar, por los orantes contemplativos, como Elías o Jesús, para que al subir a la montaña de su encuentro con Dios no se olviden de las necesidades de los pobres de la tierra. OREMOS...

 

2. Oremos por cada uno de nosotros, para que sepamos escuchar el «susurro» de Dios en nuestra vida, más allá de todos los fuegos, terremotos y tormentas que quieren apoderarse de ella. OREMOS...

 

3. Que desde la montaña de la oración sepamos descubrir las necesidades de todos los que se fatigan y sufren, amenazados, sobre el mar de este mundo. OREMOS...

 

4. Pidamos de un modo especial por los que se encuentran dominados por la angustia de la vida, pensando que nadie sale a su encuentro ni les ayuda en la necesidad. OREMOS...

 

5. Pidamos de un modo especial por todos los que se arriesgan, como Pedro, pero que luego tienen miedo de ahogarse. OREMOS...

 

6. Pidamos por la comunidad cristiana, simbolizada aquí en la barca que avanza en la noche del lago, para que todos los creyentes puedan ayudarse y animarse en medio de la travesía. OREMOS...

 

A ti, Dios Padre, que siempre nos escuchas, elevamos una vez más nuestras plegarias, desde la tormenta de este mundo, deseosos de consuelo. Acoge nuestra plegaria y el lamento de

 

DAMOS GRACIAS :

 

Porque no estoy seguro, Señor, de que estás conmigo.

Porque pienso que estoy solo en todo momento.

Porque siento que la vida es difícil.

Porque no me creo del todo tus palabras:

Tengo miedo, Señor.

 

Se me mueve la barca, mis cimientos y convicciones,

con las pequeñas dudas cotidianas, con mis dificultades de la vida,

con la prisa, el agobio y las obligaciones.

Tú me dices:  Soy yo, no tengas miedo. 

 

Se me mueve la barca, tengo miedo:

a todo lo que pueda ocurrir a los míos,

a que falle la salud y no tener fuerza,

a no tener nuestras necesidades cubiertas...

Tú me dices otra vez: Soy yo, no tengas miedo.

 

Se me mueve la barca, me lleno de angustia:

por los temas laborales o domésticos,

por las personas que acompañan mi vivir,

por lo que dejo por hacer o por decir ...

Tú me dices siempre:  Soy yo, no tengas miedo.

 

Se me mueve la barca, estoy nervioso:

por exigirme tanto en todo momento,

por no aceptar mis fallos e incoherencias,

por no llegar a todo lo que debo,

por no tener un rato para Ti:

Tú me dices:

Soy yo, estoy contigo. No tengas miedo.

¡Buen Verano!

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