Noticias y Actos

LECTIO DIVINA. SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

escrito por:  admin hace 1 año

 Actos

1800 visitas

 

LECTIO DIVINA DOMINGO SEGUNDO DE ADVIENTO. CICLO C

ADVIENTO DE LA  MISERICORDIA

 

 

1.- INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven a mí, Espíritu Santo,

Espíritu de sabiduría:  dame mirada y oído interior

para que no me apegue a las cosas materiales,

sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor:

haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad:

 concédeme llegar al conocimiento de la verdad

 en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar

a contemplar el rostro del Padre

en la vida y en la alegría sin fin.  Amén.

 

2.- EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 3, 1‑6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios».

 

3.- AHONDANDO EN LA PALABRA

a) La palabra de Dios vino sobre Juan

  • Lucas aplica a Juan la profecía de Isaías (40, 3-5). Él es la voz que grita en el desierto, anunciando la venida del Mesías. En Juan actúa la Palabra para trasmitir el proyecto de Dios para salvar a todos los pueblos.
  • Juan es el profeta itinerante. Y no es uno más en la larga lista de los profetas de Israel. Es el último profeta del Antiguo Testamento que conecta con el Nuevo Testamento. Como los anteriores profetas, Juan viene a preparar los caminos al Mesías. Y Lucas subraya, sobre todo, la universalidad de su misión, cuando termina la cita de Isaías, con la frase todos verán la salvación de Dios (v. 6). Es lo que el mismo Lucas describirá en su libro de los Hechos de los apóstoles.
  • Juan se ve sorprendido por la Palabra. Podía haber heredado el título y ministerio de sacerdote de su padre Zacarías, al servicio del culto en el templo de Jerusalén. Pero, eligió la vocación de profeta austero y penitente, en la vida dura del desierto, para anunciar el bautismo de conversión.
  • A Juan le vino la Palabra. Y por la fuerza de esta Palabra, renunció a los privilegios y prefirió la sencillez del pueblo. Se fue al desierto. Pues, la Palabra siempre viene desde el desierto, lugar del silencio y de la escucha de la Palabra. Y se dirige a los que viven en seguridad e instalados en el poder.

 

b) Preparad el camino del Señor

  • La salvación viene en la historia de cada día. Y así nuestra historia se hace “historia de salvación”. Con una condición: que se dé la conversión de valores, actitudes y conducta según el Evangelio.
  • Ésta es la vocación del profeta cristiano: dejarse invadir por la Palabra, trasmitirla acompañada de su estilo de vida, ser su testigo con hechos y anunciar con palabras la Buena Noticia de la salvación, la presencia del Salvador entre los humanos.
  • Lo que caracteriza al profeta no es el “pre-decir”, sino el ”decir”. El profeta se enfrenta a los poderes que explotan y esclavizan. El profeta debe abrir a los oyentes a la esperanza de un futuro mejor y promover la solidaridad y la justicia entre todos. El Señor guiará a Israel en medio de la alegría y a la luz de su gloria, escoltándolo con su misericordia y su justicia (Baruc 5, 9; primera lectura de hoy).
  • El profeta cristiano tiene experiencia de “pueblo”, es decir, está encarnado en medio de los sufrimientos y alegrías de la gente. Y está penetrado de la Palabra, porque escucha a Dios que le trasmite el plan de liberación, que, a su vez, trasmite al pueblo. Así el profeta “prepara los caminos del Señor”.

 

c) Todos verán la salvación de Dios

  • Nuestra esperanza no queda defraudada por la espera de la venida del Señor. Él viene constantemente a nuestra vida y a nuestra conciencia. Él nos promete y nos da la plenitud de su Ser: Amor y Vida.
  • La liberación de nuestras esclavitudes nos viene del Señor. Y la Alianza, el pacto de amor, nos ofrece nuestro Dios en el desierto, que significa búsqueda y silencio, superación de las tentaciones y encuentro con Dios. Como aconteció con el pueblo de Israel, que, en el desierto, recibió la Alianza, el pacto de amor.

 

4.- MEDITA

 

  • Dice el profeta Baruc: “Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente, a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios” (Baruc, 5,1ss: 1ª lectura)
  • Es una exigencia del Adviento que requiere una actitud: “ponerme en pie”: salir de mi acomodación humana y religiosa, ponerme en movimiento y caminar, romper con mi inmovilismo, con mi aparcamiento. “Subir a la altura”: ascender, elevarme sobre mi mediocridad, reaccionar y ponerme a la altura de lo que Dios me está exigiendo de acuerdo con los dones que Él me ha donado. “Mira hacia oriente”:  Levantar la mirada para ver lo que el Señor me está exigiendo, mirar para ver el camino que aún me queda por recorrer, mirar para ver a mis hermanos que me necesitan y extienden sus manos para que les saque de su sufrimiento y esclavitud, mirar para ver que hay muchos hermanos perdidos en las afueras de la ciudad y me necesitan.
  • La Palabra de Dios le vino a Juan en el desierto. No envió su Palabra a los grandes de la tierra, a los que viven en hartura, el poder político y religioso, el prestigio y la economía bien desahogada. Decía Pablo que Dios no eligió a los grandes, ni a los intelectuales ni poderosos, escogió a los humildes y sencillos, a la gente llana del pueblo, a los pobres para mostrar la grandeza de Dios en los pequeños y sencillos.
  • ¿Cómo me siento al pensar que Dios me ha elegido y me ha llamado para regalarme su Palabra, darme a su Hijo, para enviarme como profeta/redentor, para transmitir su salvación y su misericordia a los pobres y desgraciados de este mundo?
  • Dios quiere hacer historia conmigo, escribir alguna página de la historia de la redención y liberación de cautivos, pobres y marginados. ¿Cómo estoy colaborando con Dios Trinidad para conseguir ser una persona histórica, al estilo de Dios Padre y de su Hijo Jesús?
  • He de dejarme invadir por la Palabra, trasmitirla acompañada de su estilo de vida, ser su testigo con hechos y anunciar con palabras la Buena Noticia de la salvación, la presencia del Salvador entre los humanos.
  • Me dice el profeta Juan: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos. ¿Qué caminos de mi vida tengo que enderezar? ¿Qué cambios de conversión necesito realizar para responder a mi vocación con fidelidad?
  • Tengo que preparar los caminos de mi conciencia al Señor. Allanar las colinas de mi soberbia, aplanar las honduras de mis complejos, temores, debilidades y pecados. Abrir senderos de venida, buscados y pensados en el desierto del silencio interior, libre de tantas ocupaciones y preocupaciones. He de ayudar a muchos hermanos sumidos en el sufrimiento, la exclusión, la pérdida de dignidad y de libertad a recuperar su camino, a encontrar el verdadero sentido de su vida.
  • También en mi comunidad, en la Provincia o Instituto, en la sociedad,  hay caminos o vericuetos que deben reconducirse, cambiar y transformar. ¿En qué actitud me mantengo ante esa situación? ¿Soy valiente, arriesgado, comprometido para aportar nueva sabia y cooperar en el cambio necesario?

 

5.- ORACION FINAL

TRONCO SECO, RAÍCES VIVAS

A veces siento que mi vida es como un viejo tronco seco,

sin ramas ni hojas verdes.

Un tronco a punto de ser cortado.

El árbol que no da fruto se corta, se seca

y se echa al fuego y arde, decía Jesús.

Puede ser que lo mejor de mí

no sea visible ni perceptible a causa

de mis manifestaciones y comportamientos externos.

Puede que no sea lo mejor de mí mismo lo que fluya al exterior

y lo que los demás perciben de mí.

Sin embargo, puedo descubrir que mis raíces

aún tienen vida; y si hay vida, hay esperanza.

No todo está acabado en mí, no todo está perdido

ni irremediablemente seco.

Convertirme es ahondar y cavar hasta llegar a la raíz.

Descubriré que aún hay mucha vida en mi interior,

mucha sabia capaz de hacer brotar

una persona nueva y distinta.

Necesito podar, cortar lo seco, lo que no produce

y tirar de mi poca sabia, lo que,

en vez de dar frutos buenos solo da agrazones.

La vida que hay en mí es más fuerte y pujante

que los troncos o ramajes secos

que salen al exterior de mi vida.

Necesito medir la calidad de mi vida,

la hondura de mis valores,

la profundizad de mis sentimientos

y la firmeza de mi fe.

Abrirme a la vida, despertar la necesidad de Dios en mí;

abrir caminos de esperanza y liberación,

sentir que Cristo alimenta con su sabia

mi seco corazón y  lo empapa con su Espíritu

de alegría, de amor y libertad.

Compartir con whatsapp