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LECTIO DIVINA. DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO

escrito por:  admin hace 2 años  3078 visitas

 Actos

LECTIO DIVINA. TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - CICLO C

 

 

 

1.- INVOCACIÓN AL ESPÍRITU

Ven a mí, Espíritu Santo,

Espíritu de sabiduría:  dame mirada y oído interior

para que no me apegue a las cosas materiales,

sino que busque siempre las realidades del Espíritu.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor:

haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad:

 concédeme llegar al conocimiento de la verdad

 en toda su plenitud.

Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna:  concédeme la gracia de llegar

a contemplar el rostro del Padre

en la vida y en la alegría sin fin.  Amén.

 

2.- EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS 3, 10-18

 En aquel tiempo, la gente preguntó a Juan: ¿Entonces, qué hacemos? Él contestó: El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. Vinieron también a bautizarse unos publicanos, y le preguntaron: Maestro, ¿qué hacemos nosotros? Él les contestó: No exijáis más de lo establecido. Unos militares le preguntaron: ¿Qué hacemos nosotros? Él les contestó: No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar la parva y reunir el trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga. Añadiendo otras muchas cosas exhortaba al pueblo y les anunciaba la Buena Noticia.

 

3.- PROFUNDIZANDO EN LA PALABRA

 

a) ¿Qué tenemos que hacer?

  • Juan Bautista levanta el ánimo y la esperanza de la gente. Su predicación, austera y firme, motiva al pueblo a la penitencia y a esperar al Mesías. De ahí la pregunta que distintos sectores del público (gente, publicanos, militares) hacen a Juan: ¿Qué tenemos que hacer?
  • No se preguntan lo que hay que pensar, lo que hay que rezar, ni siquiera lo que hay que creer. El oyente de la Palabra tiene que dirigir su actitud interior hacia las obras, la conversión en este caso.
  • La buena noticia tiene que llegar a lo más hondo de la persona y arrancar esa disposición inicial de cambiar. A cada grupo les da su respuesta.
  • Tres grandes puntos les señala Juan:

* Caridad: El que tenga dos túnicas dé una al que no tiene y el que tenga comida, compártala con el que no la tiene (v. 11).

* Justicia: No exijáis nada fuera de lo establecido (v. 13).

* No-violencia: No extorsionéis a nadie ni denunciéis falsamente (v. 14).

  • Todo el mensaje de Juan va dirigido hacia el prójimo. Éste es el culto que Dios quiere. La Palabra es liberadora, exigente y se dirige a la conversión, a dar frutos. No hay privilegio para nadie. Ni siquiera “por ser hijos de Abrahán” (v. 8).

 

b) Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego

  • Juan no sólo trasmite su palabra fogosa y exigente. Anuncia también el signo bautismal, de penitencia y de conversión. Va anticipando el verdadero bautismo con Espíritu Santo y fuego.
  • Al rito del bautismo precede la predicación de la Palabra. El mensaje central de Juan es la venida del Mesías. Ante la creencia de la gente de que Juan es el Mesías, él afirma con claridad: viene el que es más fuerte que yo y a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias (v. 16). Juan no se arroga ningún título y va señalando que el importante es el que viene, el verdadero Mesías. Ésta es la grandeza de Juan. Se declara como un pequeño y humilde servidor del Mesías. Y el verdadero bautismo será el de Jesús, que bautizará (sacramento) con Espíritu y fuego.
  • Lucas anuncia ya la venida del Espíritu en Pentecostés al principio de la Iglesia. El Espíritu descenderá en formas de lenguas de fuego y transformará totalmente a los apóstoles (Hch 2, 3).
  • Juan Bautista nos indica el camino para encontrarnos con Jesús. Con Él, nos llegará al ánimo de vivir, el entusiasmo por el Señor, las fascinación de estar en su compañía, el gozo y la alegría de la “buena nueva”, anunciada por Juan, y traída por el mismo Jesús.

 

4.- MEDITA

 

  • La ALEGRÍA, tanto interior como exterior, es la actitud que se me exige para vivir en este tiempo de esperanza porque Dios cumple su promesa de enviar al Redentor, porque la conversión que se va produciendo en mí me hacer estar feliz y lleno de gozo, y porque Juan me invita a realizar un camino marcado por una exigencia de  actuar de modo distinto ante los hermanos.
  • La conversión lleva a enamorarme de este Padre Dios que desborda en misericordia para conmigo. Hemos iniciado el Año Santo de la MISERICORDIA como un tiempo propicio para ahondar en mi proceso de conversión a Dios y a  los hermanos. 
  • Y en la encrucijada de mi propio cambio, interior y exterior, no siempre sé por dónde tirar, qué hacer, por dónde empezar ante tal cúmulo de deficiencias, fallos, inseguridades, miedos, imperfecciones.
  • Me gustaría ser distint@, mejorar comportamientos, tomar decisiones más arriesgadas, comprometerme con más firmeza, hacer aquello que siempre he deseado, que siempre prometí realizar, pero que ha ido pasando el tiempo y no lo he logrado, quizá porque no lo he intentado. Y me veo ahora en esta encrucijada de la vida, con muchos años más, con muchas menos ganas y más desidia y pereza para transformar mi vida según el modelo que es Cristo.
  • “¿Qué tenemos que hacer?”, es la pregunta que me hago en este momento. Qué debo hacer, cómo iniciar el camino de conversión seria y eficaz en mi vida.
  • Juan el Bautista ofrece pistas a sus oyentes y les concreta actitudes y comportamientos reales, aplicados a cada uno de sus interlocutores.
  • Ante esas propuestas de cambio que me pide Juan, ¿qué aspectos de mi vida han de cambiar? Desde el plano personal, íntimo, pasando por la vida en comunidad o familiar, siguiendo por mi compromiso apostólico, por mi identificación con el carisma en el momento presente, por las concreciones de darme al prójimo más débil, excluido y marginado.
  • Siempre insistimos en que lo importante es SER: ser buen religios@, ser espiritual, ser místico, ser observante, ser cumplidor, ser buen celebrante,… Esto, a veces, va en perjuicio del HACER. Los interlocutores de Juan le dicen “¿qué tenemos que hacer?” para prepararnos a la venida del Mesías. En mi vida puede que haya división, divorcio, entre SER y OBRAR. Potencio lo uno sobre lo otro. Encontrar el equilibrio es lo ideal. ¿Me propondré esforzarme en este Adviento por llegar a conseguir ese equilibrio entre el ser y el hacer, entre la espiritualidad y la pastoral, entre el intimismo o cerrazón y la entrega por el bien de los hermanos?
  • Juan presenta tres posibles centros de actuación para conseguir la conversión o, por lo menos, transformar algo mi vida.
    • Caridad: darme, compartir, salir de mi acomodación y preocuparme más por las necesidades mis herman@s, los de dentro y los de fuera.
    • Justicia: aceptar a cada uno como es, ayudarle a conseguir superar situaciones dolorosas, no exigir ni obligar, respetar, no ser intolerante ni impaciente, buscar el bien del otro por encima de mi bien.
    • Honradez: no utilizar la bondad de los demás en beneficio propio, no abusar de mi “autoridad”, puesto de prestigio o poder, no beneficiarme de los humildes, de los pobres, no utilizar a los demás como trampolín para subir o adquirir reconocimientos.

 

5.- CONSOLAR Y LIBERAR

Señor, por el profeta Isaías me pides:

“consolad, consolad, a mi pueblo,…hablad al corazón”.

Tú, Señor, me sigues insistiendo que deje

de refugiarme en mí mismo,

en mis miedos, tristezas y angustias.

Que no me mire tanto al ombligo

de mi autosatisfacción o de mi pobreza y miseria.

Que levante la cabeza y mire a mi alrededor,

que me vuelva observador y vigía

para descubrir otra realidad, otra vida,

la realidad dramática

en la que están sumidos mis hermanos.

Y veo tristezas y llanto, desesperanzas y miedos,

esclavitudes y silencios preñados de angustias.

Y en mi interior voy descubriendo

esa necesidad imperiosa de salir de mí mismo

e ir al encuentro de mis hermanos que habitan

en la oscuridad y sombras de muerte espiritual

o psicológica, de vacío existencial,

de miseria humana y material; hermanos que sufren la cárcel de la impotencia, la ausencia de ilusiones

y esperanzas de futuro;

personas que soportan  la pérdida de la libertad,

que habitan en el desierto de la cárcel,

en experiencias cargadas de inutilidad y de fracaso.

 

Y me pides que les hable al corazón,

que sea para ellos consuelo y esperanza,

medicina y alimento, suavidad y ternura

para curar sus heridas y llagas aún abiertas;

que alce la voz en medio de un desierto

de sufrimientos y miserias.

 

Y ante este reto, me gustaría refugiarme

en mi propio vacío, en mi inutilidad, en mis miedos.

Descubro mi impotencia ante tus exigencias, Señor,

y aparece la tentación de abandonar,

porque es dura la tarea;

y quiero auto convencerme de que soy yo

quien necesita ayuda, quien debe ser consolado,

apoyado y liberado de mil ataduras y esclavitudes.

Y oigo en mi interior tu voz que resuena a reproche

por mi cobardía: “te basta mi gracia,…

mi fuerza se potencia en tu debilidad”.

 

Y eres tú, Señor, quien me garantiza y asegura

que no soy yo el que actúa, no es mi fuerza y mi valía,

sino que eres Tú quien apoya mi debilidad y me permite superar mis miedos

Y contigo y por Ti, y por amor a mis hermanos

sumidos en la cautividad y el dolor,

me acerco a ellos, aunque con miedo y temblor,

para llevarles, no mi mensaje ni mis palabras,

muchas veces vacías de contenido,

sino tu Espíritu de amor y de fuerza,

tu esperanza y tu fe, tu libertad y tu consuelo.

 

Me siento enviado por Ti, mi Señor,

el más indigno, el menos indicado;

pero eres Tú quien me acompaña,

me guía y fortalece, me llena de amor y ternura

para llevar el consuelo, la paz y la libertad

a quienes la han perdido.

Contigo y por Ti, y por amor a mis hermanos,

les llevaré tu esperanza,

tu amor y tu misericordia.

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