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LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

escrito por:  admin hace 1 año  1783 visitas

 Actos

LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

1.- ORACIÓN INICIAL

Señor, ¿a quién iremos?

Señor, ¿a quién iremos

si tú eres la Palabra?

A la voz de tu aliento

se estremeció la nada;

la hermosura brilló

y amaneció la gracia.

 

Señor, ¿a quién iremos,

si nos falta tu habla?

Nos hablas en las voces

de tu voz semejanza:

en los gozos pequeños

y en las angustias largas.

 

Señor, ¿a quién iremos,

si nos falta tu Palabra?

En los silencios íntimos

donde se siente el alma,

tu clara voz creadora

despierta la nostalgia.

 

¿A quién iremos, Verbo,

entre tantas palabras?

Al golpe de la vida,

perdemos la esperanza;

hemos roto el camino

y el roce de tu planta.

 

¿A dónde iremos, dinos,

Señor, si no nos hablas´?

¡Verbo del Padre, Verbo

de todas las mañanas,

de las tardes serenas,

de las noches cansadas!

 

¿A dónde iremos, Verbo,

si tú eres la Palabra?  Amén.

 

2.- LA PALABRA

 

Evangelio según san Lucas (9,51-62):

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: «Sígueme.»

Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.» Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.» Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

 

3.- REFLEXIONAR EL TEXTO

 

  • El viaje de Jesús a Jerusalén
  • Es una presentación de todo el mensaje que Jesús ofrece a sus seguidores, de entonces y de ahora. Es la descripción de nuestro propio viaje, como personas y más como discípulos de Jesús. Acompañemos a Jesús, pues siguiéndole, podremos captar qué es eso de ser discípulos suyos.
  • Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Es la opción de Jesús, total y confiada, de llegar hasta el fin en su vocación de creyente.
  • El camino que emprende Jesús no es un camino fácil, como esperaban los discípulos. Puesto que Jerusalén suponía:

* El centro de la religiosidad oficial, con su estructura de: sacerdotes, sumos pontífices, escribas y fariseos. ¡Toda la jerarquía y toda la teología concentradas en aquella ciudad!

*Encararse con todo aquel modo de entender la religión: vacía, llena de ritos exteriores, alejamiento de los pobres y necesitados, desprecio a los “pecadores”.

*El centro político, dominado por el imperio romano (Pilatos) y por los reyezuelos (Herodes...), sumisos al poder político.

  • Jesús va asumiendo su vocación de Mesías sufriente, Siervo de Yahvé, paso y camino necesarios para la vida.

*Jesús es el Mesías rechazado: en Nazaret, al comienzo de su predicación (Lc 4, 14-30);

*En Samaría, al comienzo de la última etapa de su vida; de sus propios discípulos, que no entienden cuál es la misión del Mesías y que, en esta ocasión son los dos hermanos, Santiago y Juan.

 

4.- INTERIORIZACIÓN

 

  1. Nuestro propio viaje
  • En el camino de nuestra vida, podemos tomar diversas actitudes:

+ La intolerancia y el fanatismo, que nos llevan a malinterpretar y condenar a los que no piensan como nosotros y a querer corregir el plan de Dios. Nuestra oración puede ser entonces: Que Dios haga mi voluntad, lo que yo quiero.

+ El seguimiento de Jesús implica el total abandono a la voluntad del Padre.

           

  • Mirar atrás

*En los tres diálogos que Jesús tiene con posibles discípulos, les presenta el riesgo, la radicalidad y la urgencia de emprender el seguimiento.

*El discípulo que opta por seguir totalmente a Jesús ha de estar dispuesto a: renunciar a sus propios bienes, como Jesús: no tiene donde reclinar la cabeza. Renunciar a sus deberes humanos, como es enterrar a su padre (v. 60). Los muertos son los que no aceptan el anuncio del Reino de Dios. Despedirse de la familia.  El discípulo debe eliminar de su vida lo que pueda ser un obstáculo en su testimonio cotidiano del Evangelio. Dios es el Absoluto en la vida del creyente.

 

  1. ¿Atraer o rechazar?
  • Parece como si Cristo hiciera todo lo posible  para desanimar a los tres candidatos que pretenden seguirle.  Rechazarlos más que atraerlos, desilusionarlos más que seducirlos. En realidad Jesús no apaga el entusiasmo, sino las ilusiones.
  • Un recorrido profundo al itinerario de nuestra vocación, a nuestro seguimiento de Cristo, nos podría sorprender que, quizá, ha habido más parte de ilusión que de entusiasmo. Quizá comenzamos a construir nuestra vocación sobre “ilusiones infantiles” (que en más de uno de nosotros aún no se han apagado), aquello de construir sobre arenas movedizas; el no medir las dificultades, las exigencias, los compromisos desde el principio. Sentarse a calcular antes de edificar. A lo mejor no nos ayudaron suficientemente a tenerlo en cuenta. Con el tiempo luego todo sale a la superficie, como las humedades en las casas, por muy nuevas que sean.
  • Las exigencias que Jesús nos propone a nosotros pueden ser:

            * Disponibilidad para vivir en la inseguridad. Desposeídos de todo. Sobre todo a lo largo del camino donde  vamos haciendo acopio de muchas “cosas” superficiales, apegos, adherencias afectivas o materiales, cositas que no tienen valor ninguno pero que, para algunos, son su vida, donde ponen su corazón en aspectos inservibles de la vida. Y este lastre va pesando más y más según pasan los años.

            * Ruptura con el pasado. “Deja que los muertos,…” Tú vete a anunciar el Reino. En el caminar con Jesús, nos viene la tentación de “mirar para atrás”. Recordando aquellos éxitos, aquellos logros personales, espirituales, pastorales. Y los comentamos con orgullo ante los demás, y nos sentimos vanagloriados de lo que fuimos, de lo que conseguirnos, de lo que construimos, de lo importante que éramos antes para la Provincia, la parroquia, la cárcel, el colegio… Y rendirse ante la “inutilidad” actual, la soledad, la monotonía y falta de creatividad, el que no te tengan en cuenta ni te consideren, ni te consulten…

            * Decisión irrevocable. “El que echa mano en el arado…” Mirar para atrás no es signo de esperanza. Así no avanzamos.  Aún queda mucho Reino por construir. Aún quedan muchos “flecos” del carisma trinitario que no están explotados, ni barruntados. Aún queda mucha semilla en el granero de nuestra espiritualidad trinitaria y de nuestro carisma por sembrar. Salir de “nuestra encerrona melancólica” y seguir abriendo surcos de libertad, de esperanza, de amor sin límites, para que otros hermanos vengan detrás enterrando la semilla del Evangelio de la liberación y que ésta fructifique en bien de los desposeídos y esclavos de hoy.

 

  1. Seguimiento vivido en comunidad y desde la comunidad trinitaria
  • El seguimiento de Cristo comporta una opción de vivir la vocación desde una comunidad trinitaria de seguidores de Cristo. Una comunidad que ha de ser reflejo, imagen viva de la Comunidad de Dios Trinidad. Nuestra vocación trinitaria es una vocación para el amor, vivido y compartido con los hermanos. Una vocación para la libertad, que nos hace libres en la medida en que liberamos, espiritual y físicamente, a una persona privada de libertad .
  • Aportaciones de San Pablo (Gal. 5,1.13-18)

+ “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo». Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley”

 

  • ¿Experimento el gozo de ser y vivir como persona libre?
  • ¿Qué tipo de esclavitudes me siguen sometiendo y me impiden que sienta la alegría de mi libertad?
  • Lema trinitario “libres para liberar”
  • Los hermanos de mi comunidad o de la Provincia, ¿reciben de mi toda la entrega, generosidad, disponibilidad, trato delicado, comprensión, perdón, respeto? ¿Me hago esclavo/siervo, como Jesús, por amor a los hermanos? ¿Los sirvo con mi vida como Jesús hace con nosotros?
  • Con mis actitudes y comportamientos ¿ayudo a liberar a mis hermanos o los esclavizo, los humillo y anulo?
  • El amor del Espíritu nos lleva al encuentro amoroso con el hermano.
  • ¿No habría que desterrar definitivamente de nuestras relaciones comunitarias comportamientos que expresan lo que dice Pablo “si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente”?.
  • Los abrazos fraternos no anulan la costumbre de devorarnos con murmuraciones, chismes, críticas y calumnias.

           

5.- ORACION

DEJÁNDOLO  TODO (Lc 5,1 -11)

 

Dejándolo todo, te siguieron.

Cuando leo esta página de tu evangelio,

quedo sorprendido y pensativo.

Me miro a mí mismo y me pregunto:

conseguirá el Señor de mí algo parecido?

Me gustaría que así fuera, Jesús.

 

Enséñame a no retener nada para mí.

Ayúdame a romper mis ataduras

a saltar por encima de las renuncias y los sacrificios.

 

Cuando sienta tu delicada voz,

invitándome a dejarlo todo como Pedro,

haz que no cambie de conversación ni ponga otra sintonía.

Al contrario, ayúdame a escucharte y a mirarte cara a cara.

 

Ojala consigas de mí la entrega de los primeros discípulos.

Ojala me convenzas como a esa multitud de gentes que,

desde hace dos mil años,

lo dejan todo para seguirte a Ti.

 

Aquí me tienes, Jesús,

deseando ser convencido por Ti.

Llámame, convénceme, entusiásmame

para que te diga «sí» y lo deje todo con alegría.

Dame tu mano y vayamos juntos a trabajar por tu causa.

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