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LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 2016

escrito por:  admin hace 1 año  2392 visitas

 Actos

LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO

 

1.- INVOCACION AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo,
penetra con tu luz en mi corazón,

ilumina los escondrijos de mi conciencia,

que no quede nada oculto, nada sin salir a tu luz.

Ven a mí, entra en mí. Sé mi guía y mi aliento,

mi asidero y mi amarre. Te necesito en mi debilidad,

en mi cobardía y mis miedos.

Que me deje seducir por ti,

que me sienta iluminado y acorazado en ti.

Tú que eres viento arrasa con mis temores,

purifica mis cobardías y limpia mi mediocridad.

Llena mi vacío con tu amor,

Empapa mi vida con tu Palabra,

llena mi corazón con tu vida.

Tú que eres fuerza, vigor y energía

rompe en mí el tedio, la monotonía, la acedia,

la vulgaridad de una vida no enraizada en Cristo,

el ser sarmiento no unido a la cepa Jesús.

Quiero ser fruto, racimo de uvas

que engendra vino generoso, entregado, abnegado.

Quiero ser sangre derramada y ofrecida

en servicio de los esclavos, pobres y malheridos.

Enriquéceme con tus dones y carismas,

alienta en mí el carisma liberador,

quema mi corazón en tu hoguera

y sea yo otro Cristo redentor.

 

2.- EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS 5, 1‑11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar». Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que, soy un pecador». Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

 

3.- PROFUNDIZANDO EN LA PALABRA

a) Destacamos:

  • Lucas presenta a Jesús como una gran autoridad: su enseñanza es Palabra de Dios, enseña sentado, es llamado Maestro y Señor, da órdenes que se obedecen, es seguido. Todos estos elementos nos deben hacer pensar en el papel que juega Jesús en nuestra vida de discípulos y discípulas.
  • «Por tu palabra»: se pesca mejor de noche y, si no se ha pescado nada, es inútil hacerlo de día, pero Simón pone fe y confianza en Jesús, con un sorprendente resultado. «Por tu palabra»,  ¿qué cosas estamos dispuestos a hacer fiados de Jesús?
  • «¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!»: la manifestación del poder de Dios en Jesús conduce a Simón a reconocerse pecador. La experiencia de Dios conduce no a ver los pecados de los demás, sino a reconocerse uno mismo pecador, no merecedor de la atención divina: modestia espiritual, ¡todo es Gracia!
  • «No temas»: fórmula frecuente en Lucas; palabra típica de Jesús, por la que es reconocible. Esto nos plantea: ¿Cuáles son nuestros miedos y temores? ¿Qué efecto tiene en ellos esta palabra de Jesús? Jesús parte de lo que Simón es (pescador) para lanzarle a una aventura mayor (pescador de hombres). Poner a disposición de Dios lo que somos, pero abrirnos a ser más, a crecer en la misión.
  • «Dejándolo todo, le siguieron»: dos elementos básicos del discipulado, dejar y seguir. ¿Hasta qué punto nos caracteriza esto como discípulos? ¿Qué dejamos, o no, por Jesús? ¿En qué le seguimos con más decisión y en qué con no tanta?

b) Desde Jesús a nosotros

Siempre resulta más cómodo quedarnos en casa ante el televisor o el ordenador que salir a la calle, donde el frío enrojece nuestras narices.

Siempre resulta más fácil andar por caminos andados que no decidirnos a abrir caminos nuevos.

Siempre resulta más fácil hacer lo que hacen todos que arriesgarnos a la experiencia de lo nuevo.

Pero ese no es el estilo de Dios.

  • A Jesús le resultaba más cómodo quedarse en casa ayudando en la carpintería.
  • A Jesús le resultaba más cómodo quedarse en casa al calor del amor de mamá María.
  • A Jesús le resultaba más cómodo vivir la experiencia de Dios con María y José.
  • A Jesús le resultaba más cómodo hablar de Dios con quienes vivían de Dios.

Y sin embargo:

  • Jesús se lanzó al agua.
  • Jesús se arriesgó a romper con lo viejo, hasta con el templo.
  • Jesús se arriesgó a no complacer a los demás que le pedían milagros.
  • Jesús se arriesgó a decepcionar a otros.

Jesús no fue de los que se quedó al calor del hogar.

  • Por eso tampoco quiere que los suyos vayan por el camino trillado de lo fácil.
  • Quiere seguidores capaces de arriesgarse ante el fracaso. «Echad las redes».
  • Quiere seguidores capaces de arriesgarse a lo difícil. «Mar adentro».
  • Quiere seguidores capaces de arriesgarse donde está el peligro. «Mar adentro».
  • Quiere seguidores capaces de arriesgarse a lo desconocido.
  • Quiere seguidores capaces de abrir caminos nuevos sin seguridad del éxito.

Pero quiere seguidores:

  • Que no se fíen solo de sus fuerzas. Que no se fíen solo de sus posibilidades.
  • Quiere seguidores que se dejen empujar por la fe.
  • Quiere seguidores que se fíen de su palabra.
  • Quiere seguidores que no se queden estancados.
  • Quiere seguidores que sean capaces de sentir el frío de los demás.
  • Quiere seguidores que sean capaces de la aventura entre aquellos que posiblemente los rechacen.

Es fácil nadar en la orilla. Lo difícil es nadar donde la mar está brava.

Encantan los que arriesgan y cogen la tabla y se enfrentan con olas enormes.

Y esa es la vocación del cristiano: No quedarse al rebufo del calor del grupo de cada semana.

No quedarse a confesar su fe donde todos la confiesan, en el templo.

No quedarse allí donde calienta el sol de la fe.

Vivimos en tiempos de dificultades. Por eso vivimos en tiempos de riesgo. Por eso vivimos en tiempos de valentía. No son tiempos para cobardes. Tampoco son tiempos para apoltronarnos.

Tampoco tiempo para quedarnos frustrados ante los fracasos.

Son tiempos para andar y salir a los caminos perdidos donde están los “perdidos”.

Son tiempos para arriesgarnos y no llevar ni alforjas ni dos túnicas.

Son tiempos para fiarnos de la palabra de Dios y “por su Palabra, echaré las redes”

 

  • Por fin me encuentro con alguien que se reconoce pecador, porque hasta ahora todo el mundo es inocente, sobre todo los que están en la cárcel y los que aún no han entrado, aunque estos tarden más.

Que los hijos se hacen «adictos», la culpa la tienen los padres.

Que los matrimonios se disuelven demasiado pronto, la culpa la tiene la cultura actual.

Que hay pobres en el mundo, la culpa no es mía sino de los países ricos.

Que los niños se mueren de hambre, me declaro inocente, de eso que responda el Estado.

Que la gente miente mucho, soy inocente. Todos lo hacen.

Que la Iglesia anda mal, ah, de eso que responda el papa, los obispos y los curas.

Que hay demasiada corrupción, a mí que me registren.

Que el hijo no aprueba los exámenes, la culpa es de los profesores, no de él. Él es un encanto de estudiante.

 

Como vemos, ahora lo difícil es encontrar culpables, encontrar pecadores.

Lo más fácil es encontrar inocentes. «Yo no fui», “sé quién  ha sido, pero no lo diré”...

Por eso hemos de admirar a Simón Pedro. Tuvo el coraje y la valentía de reconocerse pecador. «Soy un hombre pecador».

Si fuésemos un poco más sinceros, honestos y responsables, tendríamos conciencia de que, de una manera u otra, todos somos responsables, todos somos culpables.

Por no querer ver y enterarnos. Por no querer comprometernos. Por no querer meternos en líos. Por no vernos en nuestra verdad. Perder la conciencia y el sentido de responsabilidad puede ser hoy uno de nuestros peores males.

Saber aceptar nuestra responsabilidad es el camino para la renovación de nosotros y del mundo y la sociedad. Donde no hay culpables no hay responsables.

 

  • Lo que no me gusta de ti, querido Simón, es lo que luego dices: «Apártate de mí». Por favor, Simón, ¿no te das cuenta de que es precisamente ahora cuando lo necesitas más cerca de ti?

Ahora es cuando más necesitas de la mano de Jesús para levantarte.

Ahora es cuando más necesitas de su amor para sanarte.

Ahora es cuando más necesitas de él para sanar tu corazón.

Sentirse pecador es sentirse... más necesitado de Dios.

Porque sólo Él es capaz de sacarnos de nuestras miserias y debilidades.

¿Te das cuenta de que Jesús no te llamó cuando te sentías bueno e ¡nocente?

Es precisamente cuando te sientes pecador cuando Jesús te hace la invitación de tu vida: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

Cuando te sientes pecador es cuando Dios se cuela por esa rendija en tu corazón y se te mete hasta dentro.

Sentirte pecador no aleja a Dios de tu vida, como cuando el hijo se siente enfermo no aleja a la madre o al padre, sino que los acerca más a él.

Sentirse uno pecador es captar la mirada de Dios sobre nosotros.

No olvidemos que fue precisamente cuando «nosotros éramos pecadores cuando Dios decidió enviar a su Hijo al mundo».

Dios no nos quiere pecadores, eso es claro.

Pero cuando nos reconocemos pecadores ya hemos emprendido el camino de regreso.

Es cuando estamos más necesitados de la gracia. Es cuando mejor comprendemos las debilidades de los demás sin escandalizarnos por ello.

El que se siente pecador ahí mismo comienza a cambiar y se pone en el camino de ser santo. Porque los santos no son los que nunca han pecado, sino los que siempre han sabido levantarse.

 

c) EL EJEMPLO DEL LAPICERO

El inventor del lápiz, antes de meterlo en la caja y enviarlo al mundo, le dijo: «Cinco cosas debes saber y recordar siempre si quieres ser el mejor lápiz del mundo».

1. Podrás hacer grandes cosas, pero sólo si permites que alguien te use.

2. Experimentarás dolor cuando te saquen punta, pero es necesario si quieres ser el mejor lápiz del mundo.

3. Corregirás todas las faltas que cometas.

4. Tu parte más importante está siempre dentro de ti.

5. Dejarás tu huella sobre toda superficie sobre la que seas usado.

Y, a pesar de todo, TÚ sigue escribiendo.

El lápiz lo entendió y prometió recordarlo siempre y después entró en la caja con este propósito en su corazón.

Ahora ponte tú en el lugar del lápiz.

1. Puedes hacer grandes cosas, pero sólo si dejas que Dios y los demás te usen y, a veces, abusen.

2. Sentirás dolor cuando los problemas de la vida y las dificultades de todo tipo te saquen punta. Es necesario para crecer y fortalecerte.

3. Corrige todos los errores que cometas.

4. Tu parte más importante está dentro de ti.

5. Deja una huella hermosa por donde escribas y pases.

 

4.- MEDITA Y COMPARTE

 

  • Profesionales: Pedro y sus compañeros son profesionales de la pesca y saben cuándo y dónde hay que echar las redes. Jesús no sabe de eso. De día el Maestro les dice: “echad las redes”. Pedro se resiste pero, “por tu palabra…”  El éxito es grande. Nosotros nos creemos que somos “profesionales” de la religión, de la catequesis, de la pastoral, del altar… Analizo las motivaciones que me llevan a realizar lo que hago. ¿Soy persona creyente trinitaria desde Jesús? ¿desde qué motivaciones y sentimientos actúo en mi misión pastoral, desde criterios humanos y de sabiduría profesional o desde la óptica de Cristo y su palabra?
  • ¿He de cambiar el método, la forma, los criterios y sabiduría desde donde estoy realizando la labor pastoral, o el modo de cómo actúo ante los demás?
  • ¿Me dejo  evangelizar por los que son destinatarios de mi misión redentora?
  • ¿Sigo "haciendo cosas" desde un Iglesia/Orden que va perdiendo atractivo y credibilidad, o pongo todas mis energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy? ¿Debería poner el Evangelio en el primer plano de todo lo que soy y hago?
  • En la misión que estoy desarrollando, ¿es la Palabra, es el Espíritu del Redentor quien me guía e ilumina, o influyen en mi otros “criterios” pastorales, otros métodos o técnicas supuestamente más eficaces que la vivencia y fidelidad del Evangelio?
  • ¿Qué tipo de pesca practico y desde qué talante o estilo evangélico? ¿Debería renovar estilos, métodos, talante en mi modo de ser trinitario en mi apostolado? ¿Me conformo con hacer lo que siempre he hecho? Bueno, si me va bien, para qué andar cambiando... déjame de inventos nuevos….
  • "Remar mar adentro": ¿Trabajar más?, ¿hacer las cosas de otro modo?, ¿darles otro sentido? ¿Descubrir otras perspectivas de mi vocación trinitaria que aún no he logrado ver? ¿Ahondar más en las exigencias que comporta mi vocación religioso-trinitaria? ¿Acaso tengo bien definida mi vocación como hermano de la Orden de la Santa Trinidad y de la redención de cautivos? ¿Puedo dar algo más de lo que estoy dando hasta ahora? ¿Me he parado a pensar si el Señor me está llamando a orientar mi compromiso vocacional en otra dirección desde el carisma redentor?

 

5.- ORACION FINAL

    . POR QUÉ A MI

El Señor se acercó a mí

y me llamó por mí nombre.

Su presencia y su palabra me envolvían

y yo me sentía el más pobre.

Pero ¿por qué me visitas, Dios mío?

¿por qué a mí, el más miserable?,

¿por qué te has fijado en mí?

Pasa de largo, te lo ruego,

que hay muchos mejores que yo,

o déjame ahora,

quizás más tarde, otro día.

Y temblaba por la presencia, por la exigencia,

por lo que tendría que hacer o que dejar.

Pero Él se acercó más, me penetraba,

y repetía mi nombre una vez y otra.

Soy yo, me decía, no temas.

Y cada vez que hablaba,

cada palabra suya

era como un mar de dicha que entraba en mi,

como un fuego que me transformaba,

como un viento liberador

que se llevaba todos los miedos.

Ahora temblaba,

pero de emoción y con lágrimas.

Ya no importa mi pequeñez y pecado,

porque Él estaba ahí y me hablaba.

Y, así me puse en sus manos incondicionalmente:

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad,

Aquí estoy, Señor, lo que Tú quieras,

pero ya no me abandones.

 

REMA MAR ADENTRO

REMA MAR ADENTRO, REMA MÁS Y MÁS.

SURCANDO LOS MARES DE LA ETERNIDAD

BUSCANDO LA CASA DE LA TRINIDAD.

Si es pobre tu barca y rotas las redes

dáselas a Cristo, que él así las quiere.

Y si sopla el viento no pierdas la calma,

la barca es segura, en Cristo está anclada.

Son muchas las barcas que cruzan los mares,

míralas con gozo, todas van al Padre.

Tú eres trinitario, sigue tu camino,

dando gloria al Padre, librando al cautivo.

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