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LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL DOMINGO 3 DE ABRIL DE 2016

escrito por:  admin hace 1 año

 Actos

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LECTIO DIVINA CORRESPONDIENTE AL SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

 

1.- INVOCACION AL ESPÍRITU

Ven, Espíritu Santo,
penetra con tu luz en mi corazón,

ilumina los escondrijos de mi conciencia,

que no quede nada oculto, nada sin salir a tu luz.

Ven a mí, entra en mí. Sé mi guía y mi aliento,

mi asidero y mi amarre. Te necesito en mi debilidad,

en mi cobardía y mis miedos.

Que me deje seducir por ti,

que me sienta iluminado y acorazado en ti.

Tú que eres viento arrasa con mis temores,

purifica mis cobardías y limpia mi mediocridad.

Llena mi vacío con tu amor,

Empapa mi vida con tu Palabra,

llena mi corazón con tu vida.

Tú que eres fuerza, vigor y energía

rompe en mí el tedio, la monotonía, la acedia,

la vulgaridad de una vida no enraizada en Cristo,

el ser sarmiento no unido a la cepa Jesús.

Quiero ser fruto, racimo de uvas

que engendra vino generoso, entregado, abnegado.

Quiero ser sangre derramada y ofrecida

en servicio de los esclavos, pobres y malheridos.

Enriquéceme con tus dones y carismas,

alienta en mí el carisma liberador,

quema mi corazón en tu hoguera

y sea yo otro Cristo redentor.

 

2.- LA PALABRA

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.

Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino el Señor. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto el dedo en el agujero de los clavos, si no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomas: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean si haber visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

 

3.- ECOS DE LA PALABRA

A) Con las puertas cerradas por miedo a los judíos

  • Con expresiones gráficas nos narra el evangelista la situación lamentable de los discípulos:

- Por la tarde (noche), con las puertas cerradas, llenos de miedo. La noche es el signo de las tinieblas y de las dudas de fe.

  • Están los discípulos sumergidos en la antigua creación. No han experimentado la luz del Resucitado, el domingo, el primer día de la semana, de los nuevos tiempos, de la nueva creación.
  • Los discípulos, no sólo no esperaban ver a Jesús Resucitado, sino que estaban predispuestos a todo lo contrario.
  • A María Magdalena lo único que se le ocurre, al ver el sepulcro vacío, es que han robado el cuerpo de Jesús. Y cuando Magdalena va a anunciarles que había visto al Señor; ellos, a pesar de oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no creyeron
  • Sólo desde la fe se puede aceptar la revelación de que Jesús resucitó y está vivo entre nosotros. Tanto los vestidos blancos como los ángeles hacen referencia al ámbito de lo divino y de la fe.
  • Podemos afirmar que Jesús está resucitado y creerlo firmemente. Pero, el testimonio de vida nos dirá y dirá a los que nos vean que de verdad creemos en Él y que va recreando las personas, el tiempo y los sucesos de nuestra historia. Sólo con Jesús Resucitado podemos vencer todos los miedos, dudas y persecuciones.

B) Recibid el Espíritu Santo

El evangelista nos describe los signos de la presencia del Resucitado:

a) La donación de la paz. La paz esté con vosotros. Para quitar el miedo, Jesús les da la paz. Repetidas veces nos trasmiten los evangelistas estas palabras del Resucitado. Es el fruto del encuentro con que arrebata el miedo, trae la vida y la esperanza y devuelve el sentido de la existencia como personas y como discípulos.

b) La donación del Espíritu. Recibid el Espíritu Santo. El Espíritu es el soplo de vida. Es el mismo soplo que dio vida al primer ser humano (Gn 2, 7). El aliento del Creador confirió la vida al primer ser humano. Ahora, el soplo del Resucitado, que transmite el Espíritu, quiere recrear al ser humano. La fe en la resurrección conduce a afirmar y defender la vida y luchar contra todos los signos de muerte.

c) El perdón de los pecados. A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará. El Resucitado otorga la salvación, y perdona la deserción y abandono de los discípulos en los momentos de la pasión y muerte del Maestro. No reciben por su traición ningún reproche ni les exige ningún gesto de reparación. El Resucitado trasmite a los discípulos su mismo poder para que, en su nombre, ellos mismos, débiles y pecadores, perdonen los pecados de sus semejantes.

C) Dichosos los que crean sin haber visto

  • La persona y conducta de Tomás representa a muchas personas que, llenas de dudas, quieren razonar y comprobar el ámbito de la fe. Como Tomás, buscamos certezas a la medida de nuestras limitaciones humanas.
  • Pero el proceso de la fe comienza por “ver” las señales del Resucitado en los mismos seres humanos y en la realidad en que vivimos. Son las señales y las llagas de los que sufren. Y el testimonio de todos aquellos que superan las dudas afirmando al Resucitado.
  • Hay que escuchar la Palabra, que nos habla de muchas maneras y para todas las ocasiones. Hay que reconocer el testimonio de los que cambian y entregan su vida porque creen en el Resucitado, como les sucedió a los discípulos. Hay que integrarse en la comunidad de la Iglesia, donde se presenta el Resucitado con sus dones: paz, perdón, Espíritu.

 

4.- PARA LA REFLEXIÓN Y VIVENCIA

A) Si estás viviendo un anochecer, cuida tus miedos, tus dudas, tus desencantos...

  • ¿Qué necesitas iluminar en tu vida?
  • ¿Me acorrala la duda, el miedo, la inseguridad de la fe, el desencanto de mi vida, no tan fructuoso como me creía? ¿A qué se deben esos miedos? ¿Por qué sigo empeñado en encerrarme en mi mismo, en mi burbuja de seguridad racional, de acomodación vital en un estilo de vida que no es el mío?
  • ¿Cuántas zonas de mi vida necesito pacificar?
  • ¿Vivo la paz interior, o la zozobra de quien no tiene claras las cosas de la vida, de la fe, de Dios, del carisma,…?
  • En comunidad, en la vida de familia, ¿soy sembrador de paz, de alegría, de armonía, de verdadera fraternidad?
  • ¿Estoy viendo las “señales” del resucitado (sus manos y sus pies) en las personas que me rodean? Hay signos del resucitado en las llagas, aún abiertas, de tantos hombres y mujeres: droga, paro, cárcel, desahuciados, sin techo, inmigrantes, familias rotas, víctimas de la violencia doméstica,…
  • El hecho de sentirme amado por Dios Trinidad, de amar este carisma, de darme por entero a los más pobres, de vivir en fraternidad trinitaria, ¿son motivos para experimentar el gozo y la alegría?
  • ¿Me siento enviado por Cristo para dinamizar la vida, a veces tediosa y anodina, de mi comunidad? ¿Ofrezco estímulos suficientes para que haya alegría y espíritu jovial en mi entorno?
  • ¿Me siento lleno del Espíritu de Jesús que me envía como testigo del perdón ante mis hermanos? ¿Hay algún resquicio en mi vida que debería subsanarlo urgentemente, porque aún no he perdonado lo suficiente o no  he pedido perdón de corazón?

B) Si estás viviendo en la mañana, cuida que no te pasen desapercibidas las heridas, las llagas, los sufrimientos, la enfermedad...

  • ¿Te relacionas amorosa y felizmente con el dolor?
  • ¿Sanas, curas, alegras la vida de tu entorno comunitario o pastoral?
  • Es necesario que yo también meta mis dedos y toque la realidad sufriente de mis hermanos para sentirme tocado por su dolor, por su desesperanza, por su deseo de libertad, por su necesidad de ser amado, perdonado, acogido.

 

  1. "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto?"
  • ¿Qué sentido tiene este "ver" en el Evangelio de San Juan?
  • ¿Podemos nosotros "ver" a Jesús el Cristo, hoy? ¿En quiénes? ¿Qué personas necesitan que yo los vea, los acoja, los abrace, los perdone, los ame de verdad?
  • ¿Cómo, en quienes, bajo qué signos?
  • ¿Existen diferentes formas de "presencia"?
  • Mi fe ¿es la consecuencia de una experiencia de vida de encuentro con el resucitado, o creo porque lo he estudiado y así me lo han enseñado?

 

5.- ORACION

Y JESÚS EN MEDIO (Tomás con ellos)

El día de la Pascua, anochecido,

estaban los discípulos miedosos,

tristes por la ausencia del amigo,

envueltos en nostalgia.

Silenciosos, y en esto entró Jesús,

paz en sus labios, y la luz y la risa, 

inmenso el gozo.

Reconocieron manos y costado:

era el Señor, espléndido, glorioso.

Vuelve en ellos la fe.

Se les enciende,

no ya por lo que ven sus propios ojos,

es que sienten que dentro

les conmueve un estremecimiento misterioso.

Jesús resucitado les recrea

exhalando su aliento en lo más hondo.

Pero había una ausencia en el encuentro,

la falta de Tomás sintieron todos.

Este exigía pruebas contundentes,

incrédulo negaba y orgulloso.

-Tengo que ver, palpar costado y llagas,

-Yo no me fío ya ni de mis ojos.

Jesús aceptó el reto.

Se presenta ocho días después.

Hay cierto morbo.

-Tomás, amigo, ven: trae tu dedo,

-palpa costado y llagas hasta el fondo.

Pobre Tomás, vencido por amor;

palpa y mete sus manos en un horno,

y quema allí sus dedos y sus dudas:

-¡Dios mío. Señor mío, yo te adoro!

Hay risas y emoción en el ambiente,

 mucha alegría, lágrimas, sollozos,

y queda la sentencia de Jesús:

Los que crean sin ver serán dichosos.

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